
Especial. Si hay un lugar exquisito para escuchar música lo es el anfiteatro del INBIOparque, en Santo Domingo de Heredia. No lo decimos solo por los conciertos de música académica que ahí hemos escuchado. También han tenido nutrido ambiente conciertos con música celta, roquera y buen jazz, en los que hemos estado.
El fin de semana pasado hubo un concierto vitalista con la Sinfónica Municipal de Heredia, dirigida por el maestro Eddie Mora, y con el Coro Universitario dirigido por el bajo cantante Rafael Saborío. La tarde fue crepuscular de blanco plateado. Ante la laguna de este hábitat natural, arrancaron las Danzas Rumanas del compositor húngaro Bela Bártok.
El ambiente era armonía, mientras la tarde cerraba en sombras, a tal punto que los cuerpos de los encargados de la percusión, al fondo de la orquesta, resultaban siluetas, como en un filme de Hitchcock. Había algún misterio en ese concierto, que también pasaba por la música de ilustres costarricenses.
Un tango de Julio Fonseca. Una versión sinfónica de la Guaria Morada, de José Daniel Zúñiga, compuesta por el maestro Benjamín Gutiérrez. Un “ostinato” (trozo de melodía o progresión de acordes, ambas repetidas y repetidas) de Wílliam Porras, compuesto en especial para este concierto.
Mientras anochecía, llegó la festiva polka de J. Strauss, Rayos y Truenos. Luego, con solo el coro, oímos villancicos de nuestra Rocío Sanz. Después, la orquesta con el coro repasaron música navideña de Schnabel, Bach, Von Herbeck, Händel y otras canciones tradicionales. Los arreglos eran del maestro Rafael Saborío.
Dos horas después, salimos por los senderos del INBIOparque. Solo oíamos los ruidos de los grillos y otros insectos, con gusto por una buena noche, cultivadora del espíritu. ¿Cuándo será la próxima cita? Los del parque tienen la palabra.