Ellos deben estar con los ojos abiertos, viven a contravía del resto, salen y se mueven por calles vacías, recopilan anécdotas, se hunden en profundas charlas, bostezan... Es la gente que gana su salario en el horario menos pensado, y habla de los particulares personajes de la noche, pero, ¿acaso ellos no lo son?
La noche y sus puertas. O mejor, existe una noche puertas adentro y otra del lado de afuera. Alexander Salazar recorre las calles todas las noches, se siente afuera, mientras mira desde adentro de su taxi. Y la puerta de atrás siempre tiene puesto el seguro. "Depende la plata que haya juntado decido seguir o no hasta el amanecer", afirma. Trece años atrás dormía cuando se debe dormir o hacer cualquier otra cosa menos estar arriba de un carro. "Si la noche viene demasiado tranquila uno para un rato para descansar, lava el carro, se come algo o se va a la casa a dormir. El momento más difícil es entre las 3 y las 5 a. m.; a esa hora, salvo los fines de semana, no pasa nada", dice.
"Del día a la noche todo cambia, las referencias, las señales, hasta las direcciones se dan distintas. De noche, por ahí te dicen que los llevés a 100 varas de tal cantina, a aquella disco, al casino, al motel... de día de pronto te pueden dar la dirección de una escuela o una iglesia y uno se desubica hasta que cae... ¡claro, es la que queda al frente de aquel bar!"
"De noche se trabaja más tranquilo, no te paran las presas, ni te da el sol en los ojos. Pero sentís una desprotección muy grande, sos vos y un mundo muy oscuro que no tiene nada que ver con el que podés ver de día. De todas formas lo prefiero, a veces te cruzás con gente muy divertida o muy interesante. Es una elección que tiene sus riesgos, pero uno se hace cargo", dice mirando - de reojo - por el espejo.
Voces en la oscuridad
"Me gusta la noche y sobre todo no me gusta levantarme temprano", dice Juan Carlos Corella, coordinador y operador de radiomensajes.
Tiene 25 años y hace tres y medio que está atendiendo llamadas en horario nocturno.
Para él, el cansancio suele ser el verdadero enemigo a vencer: "Al principio era más difícil, a veces el cuerpo no me respondía, después terminás acostumbrándote a manejar los tiempos. Pero se puede dar que tengás que trabajar varias noches seguidas para cubrir a alguien y, ahí sí, te transformás en una momia".
Las seis horas de sueño que Juan Carlos sueña con poder mantener, muchas veces se reducen a la mitad, pero el precio no solo lo paga él. "Los que más se perjudican son los que te rodean, te alejás de tus amigos porque es muy difícil ponerse de acuerdo para encontrarse. Cuando uno está libre todos los demás tienen algo que hacer y hace tres años que la Navidad y el Año Nuevo los recibo trabajando", se lamenta.
Para Juan Carlos, parte del encanto de la noche reside en los cambios que puede operar en los estados de ánimo de la gente. "Las conversaciones con tus compañeros tienen otro nivel de profundidad, es casi inevitable que uno termine haciendo amigos, es un ambiente muy propicio para confesarse, para las intimidades". ¿Romances? "Bueno, uno siempre está trabajando, pero algo de eso hay", se sonríe y calla.
En guardia
"El que pestañea pierde", dicen algunos, y Evelio Ramírez confiesa que nunca entendió tanto el dicho hasta que empezó a trabajar como guarda nocturno.
De eso hace ya catorce años y en ese tiempo Evelio ha recorrido, pistola en la cintura, calles, parqueos y casetillas. Ahora labora en La Nación.
Para él, que no toma café ni estimulantes de ningún tipo, todo es cuestión de organizarse. "Tiene un montón de ventajas, sobre todo para mí, que trabajo noche por medio y de esa forma no resulta tan traumático. El trabajo es más relajado y si uno logra organizarse y no dormir durante todo el día, le queda tiempo libre para estudiar o hacer mandados", dice.
Pero, a diferencia de lo que suele ocurrirles a los que trabajan de noche, Evelio intenta no privarse de sus nueve horas de sueño "por suerte vivo en un lugar tranquilo y tengo la familia lejos, así puedo descansar bastante durante el día".
"Una de las cosas lindas es el amanecer, casi nadie tiene el privilegio de ver salir el sol tan seguido como uno; además, cuando tengo tiempo salgo a mirar el cielo, la luna y las estrellas. Miro hacia todos lados porque tengo la esperanza de descubrir algo que nadie haya visto antes".
De noche y de día
"Mi receta para pasar la noche es café, café y café, pero café de Chelles, por supuesto", dice Rosemary Cordero, quien desde 1986 trabaja como mesera, de 10 de la noche a 6 de la mañana, en ese bar capitalino.
Rosemary conoce a casi todos sus clientes. "Son siempre las mismas caras, las mismas voces, las mismas risas".
Dice que en la noche hay más hombres que mujeres, también hay parejas que la tratan a ella como a una amiga, le cuentan cosas, le piden consejos, se desahogan. "En la noche las personas se aman más, se tocan más, tienen menos vergüenza, son más abiertas y menos prejuciosas, tal vez porque de noche hay más oportunidad de ocultarse".
Pero, para Rosemary, cuando llega el día no siempre llega el descanso. "Cuando trabajo de noche llegó a las 7 de la mañana, como algo y me acuesto dos o tres horas, después hago oficio y preparo el almuerzo, estoy con las chiquitas, les ayudo con las tareas, converso con mi marido y después me vuelvo a dormir un ratito antes de salir".
La noche pasa facturas
Para el médico Pedro Bolaños, el trabajo nocturno se paga caro. "Entre las personas que trabajan de noche hay incidencia más alta de estrés, se alteran los ciclos hormonales, y disminuye la producción de melatonina. "Esta hormona le indica al organismo a que hora debe descansar, a que hora debe dormir o levantarse y tiene que ver también con el pigmento de la piel. "Estas personas deben transformar su equilibrio físico y se enfrentan a cambios radicales, por ello.
Se enferman más, envejecen más rápido y, muchas veces, llegan a niveles de agotamiento crónico".
Y, pese a las creencias, las cosas empeoran cuando se pasa de un horario a otro o cuando se toman vacaciones. "La época de adaptación corporal continúa varias semanas, y cada vez es más difícil. La capacidad de ajuste se va perdiendo hasta que el cuerpo ya no puede más".
Según el médico, es importante que los trabajadores nocturnos traten de no consumir mucho café u otros estimulantes, ya que provocan la movilización de calcio en los huesos, por lo que tienen mayor riesgo de padecer osteoporosis.
Recuperar el balance
Algunas medidas que la gente que trabaja en horario nocturno puede poner en práctica para reducir el impacto corporal de sus jornadas:
Meditar
Hacer yoga
Consumir vitaminas y minerales en forma abundante
Buena alimentación
No consumir estimulantes de ningún tipo ya que aumentan la sobrecarga emocional