A medida que se acerca el año nuevo 2000 se intensifica la batalla entre quienes esperan impacientes la llegada del tercer milenio el próximo 1° de enero y quienes protestan por tal ignorancia científica, pues sostienen firmemente que el nuevo milenio empezará solamente el 1° de enero de 2001.
"Hagan algo!", pidieron a la prensa, desesperados, los especialistas del observatorio de París, y explican que son asediados por las llamadas telefónicas sobre el verdadero inicio del tercer milenio. "Por favor, escriban que es dentro de un año", recalcaron.
Cualquier niño capaz de contar hasta 10 sabe que la enumeración de las cifras de una decena no empieza por cero, sino por uno. Consecuentemente, el año 2000 será el último de los años 90, que empezaron en 1991.
"Todo eso no tiene nada que ver", argumenta, por el contrario, un matemático, alegando que al empezar una ruta hay ante todo un kilómetro cero, y que de la misma manera el origen del tiempo es t = 0. El primer año de una era es pues el año cero. De lo contrario se pasaría directamente del año -1 al año 1, lo que supondría una discontinuidad en el tiempo.
Esta acotación es pertinente salvo por el hecho de que el año cero no figuró jamás en nuestro calendario. En 532 la Iglesia decidió contar los años a partir del 1° de enero siguiente al nacimiento de Jesucristo. En 440 se había decidido que esa fecha era el 25 de diciembre del calendario romano. De manera que el año 754 del calendario juliano (el viejo calendario romano reformado por Julio César) se convirtió retrospectivamente en el año 1 del nuevo calendario.
Una estrella, cometa o...
Nadie estableció nunca con certeza la fecha del supuesto nacimiento del personaje que sería venerado como el hijo de Dios por la religión cristiana. Unos consideran que fue algunos años antes y otros algunos años después. Hubo incluso astrónomos que trataron de determinar dicha fecha calculando el paso de la "estrella de los Reyes Magos".
Unos consideran que la estrella en cuestión sería un cometa, quizá Halley, que pasa cerca de la Tierra cada 76 años. Otros defienden la teoría de un fenómeno más complicado: una conjunción de Júpiter y Saturno teniendo como fondo la constelación de Piscis, fenómeno que se produce cada 800 años.
Pero dejando de lado este tipo de especulaciones, lo cierto es que el calendario juliano tenía un desajuste creciente con el tiempo "real". Es por ello que, en 1582, el papa Gregorio XIII decidió reformarlo. El calendario gregoriano borró 10 días, pasando del 4 al 15 de octubre.
Su adopción no se generalizó ni de golpe ni sin dificultades. Los países protestantes tardaron en adoptarlo. En 1752, en Inglaterra, la decisión provocó disturbios, dado que el pueblo estimó que se le había robado tres meses (del 1° de enero al 25 de marzo). Y por ejemplo, la exUnión Soviética, donde la tradición ortodoxa persistió pese al régimen comunista, solo lo acató en 1923, lo que hizo que la Revolución de octubre de 1917 pasara a haberse producido en noviembre en los nuevos calendarios.
Y a todo esto hay que agregarle además los otros calendarios de otros pueblos y de otras religiones. Si el mundo hubiera adoptado el calendario chino, el año 2000 correspondería a 4697, mientras que el calendario judío nos situaría en 5761 y el calendario musulmán en 1420.
Históricamente arbitrario, matemáticamente erróneo, el 1° de enero del año 2000 es, pues, solamente un umbral simbólico.