¿Cómo es posible que un periodista de fama internacional escriba un libro dirigido a drogadictos?. Para Guillermo Descalzi la pregunta no es nada rara, pues plasmó en el papel sus propias experiencias de cuando fue víctima de las drogas.
El periodista peruano, conocido en toda América Latina gracias a su trabajo en el noticiario Ocurrió así , no se avergüenza de su pasado, pues asegura que con la verdad y el amor venció sus demonios. El testimonio se llama El príncipe de los mendigos .
Contar su verdad no le salió barato: perdió su puesto en el informativo, pero eso es lo de menos, pues sus victorias superan, y en mucho, a los reveses. Así lo afirmó el miércoles en una conferencia de prensa en la librería Universal, a donde llegó para promocionar su libro.
La cita, que afortunadamente tuvo más público que reporteros, fue un compartir ameno, en el que Descalzi bromeó y dejó claro su mensaje: sí se puede destinar un pasado triste a un final feliz.
Ángel caído
Después de alcanzar el reconocimiento en el competitivo medio periodístico estadounidense, entrevistar presidentes y cubrir las mayores noticias de las últimas décadas, Descalzi fue víctima de una presión que mantenía oculta y quedó en la calle, rodeado de otros drogadictos y a merced de la compasión ajena.
Reconoce que robó perfumes para venderlos en las calles y pasó días enteros sin dormir bajo los efectos del alcohol, mariguana y cocaína, que en un inicio eran su combustible para huir de sí mismo, en la época en que era periodista estrella.
Pese a su condición de indigente, su fama era conocida por sus compañeros de miseria, quienes le dieron el nombre que hoy sirve de título a su obra.
En dos años perdió todo, hasta que su amigo Enrique Gratas, a quien compara con un ángel, le tendió la mano. Pero lo más importante fue recuperar el respeto propio y empezar de nuevo. Hoy, no se cansa de relatar su historia a todos los que quieran oírla.
En el encuentro con el público tico, muchos de los presentes llegaron buscando un consejo para personas que están en la garra de la droga. Ante la pregunta de qué decirle a un joven que da sus primeros pasos en el vicio, la respuesta no pudo ser más real: "No se le puede decir nada, solo que Dios lo acompañe".
Su experiencia lo faculta a afirmar que la salvación está en el interior, y que, definitivamente, nadie aprende por cabeza ajena. Aún así, le periodista espera que su relato sea una "lucecita" para aquellos que luchan por dejar la droga.
El rato fue ameno, y la cola que se formó a la hora de la firma de libros no dejó de crecer por más de una hora. Con un mensaje para todos y una mano que no reclama por la cantidad de dedicatorias, Descalzi ratificó lo que sus televidentes creían de él: es una persona normal que pasó por experiencias terribles en condiciones extraordinarias.
Pese a su evidente cansancio, el periodista sacó un momento para conversar con Viva sobre su obra y otros temas
Triunfar en le periodismo estadounidense es el ideal de éxito para muchos comunicadores. ¿Es la presión el precio a pagar?
La presión es muy alta, pues los medios de prensa allá son como molinos de carne y el periodista es solo un trozo de carne, sin que haya una preocupación real por la integridad. Lo importante es vender y al final se obtiene lo esperado: hamburguesas.
¿Cuán problemático le fue admitir su verdad?
Por ello me botaron de Ocurrió así y algunas personas se molestaron, pero no me duele porque no somos moneditas de oro para que todos nos acepten. Al alcanzar la madurez humana te das cuenta que no importa el exponerse, pues al hacerlo derrotamos a la vanidad.
Aunque su libro es un mensaje para otros, ¿en qué medida le ayudó el escribirlo?
Sí me ayudó pues el verbalizar tus pensamientos y sentimientos es una muy buena ayuda para comprenderlos.
Con respecto al periodismo, ¿ha sentido un cambio en el modo en que este era cuando usted empezó como reportero?
Es claro que el periodismo en América Latina está cambiando, gracias a la influencia del periodismo norteamericano. Desde que inició la era del satélite, todas las cosas apuntan a que se adoptaron los estándares estadounidenses, para llegar a uno solo.
Hoy el periodismo es muy homogéneo, por lo que cada uno debe meterle su contribución. Aunque todo apunte a un país global, el periodismo tico, peruano, noruego y de todos los demás países debe tener sus cosas propias.
La plática había terminado, pero para Descalzi todavía quedaban algunos libros que firmar y jóvenes deseosos de fotografiarse con él. Para todos tuvo bromas y sonrisas.
Porque al final, esa fue su moraleja. Como después de haber vivido su propio infierno, encontró en la verdad y el amor las dos herramientas para aprender a reírle de nuevo a la vida. Y esa sonrisa nada ni nadie se la borra del rostro.
Descalzi en frases
"Que nadie se sienta santo, pues todos tenemos adicciones".
"Mi verdad no puede ser usada como teoría para otros".
"No tenemos que ser los mejores, solo hacer bien las cosas".
"La paz no es una ilusión y sí, es posible encontrarla".