Ante una audiencia bastante numerosa y con la guía certera de su director emérito, maestro Irwin Hoffman, se llevó a cabo el sexto concierto de la temporada oficial de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), el viernes 24, en el Teatro Nacional (TN). (El programa de mano identificaba al maestro como invitado y no como director emérito).
Repertorio. Una selección ecléctica formó el programa. En la primera parte figuraron sendas obras de dos insustituibles compositores del clasicismo y posclasicismo vienés, en ese orden, la Sinfonía concertante, en si bemol mayor, para violín, violonchelo, oboe, fagot y orquesta, Hob: I/105, de Franz-Joseph Haydn (1733-1809); y la Obertura Leonora III, en do mayor, opus 72b, de Ludwig van Beethoven (1770-1827).
En la segunda mitad de la función, el repertorio se completó con la Sinfonía N.° 5, en si bemol mayor, opus 100, de Serguéi Prokófiev (1891-1953), uno de los más importantes compositores del modernismo ruso de la época soviética.
La obertura de Beethoven es una de las tres que compuso, entre 1805 y 1806, para su ópera Leonora, la versión original de la ópera Fidelio, cuya recensión definitiva se estrenó en 1814 y para la que escribió otra obertura de ese nombre.
Las tres llamadas Leonora se mantienen en el repertorio como oberturas de concierto, pero la tercera es la que se oye con mayor frecuencia, debido a la condensada fuerza dramática y el temple heroico de la escritura, que hacen a Leonora III completa en sí misma, más anticipo del poema sinfónico postrero que una obertura operística propiamente.
La pieza de Haydn data de 1792 y fue compuesta para la primera de dos series de conciertos en Londres, donde también se estrenaron las 12 sinfonías que culminan su producción sinfónica, conocidas como Sinfonías londinenses.
La sinfonía concertante es un género híbrido, con antecedentes en el concerto grosso barroco. A diferencia de los conciertos usuales, en la sinfonía concertante los instrumentos solistas no se enfrentan en contienda con el conjunto sino que se integran más a la textura orquestal y entre sí.
Compuesta en pocas semanas durante el verano de 1944, cuando el ejército soviético expulsaba a los invasores alemanes del suelo ruso, el mismo Prokófiev estrenó la Quinta al comienzo del año siguiente en Moscú, ante la aclamación de la crítica y el público.
La obra quizá refleja las circunstancias bélicas, pero está exenta de cualquier triunfalismo, y sospecho que el tenor sombrío, amenazante y sardónico que impregna el discurso sinfónico más bien contradice el supuesto y obligatorio contenido optimista que el oficialismo soviético quiso ver en la pieza.
Solistas. Como solistas en la Sinfonía concertante participaron los costarricenses Lourdes Lobo, violín; Álvaro González, violonchelo; Jorge Rodríguez, oboe, y Mauricio Páez, fagot.
Álvaro González y Jorge Rodríguez son los principales de su instrumento en la Orquesta Sinfónica Nacional; Mauricio Páez está establecido en Israel, donde ha desarrollado una carrera de trayectoria internacional; Lourdes Lobo fundó el Cuarteto de cuerdas Alma y también se desempeña como violinista independiente.
Interpretaciones. Al comienzo, el maestro Hoffman y la OSN moldearon una versión dramática y poderosa, elocuente en fraseo, amplia en sonido, de la Obertura Leonora III.
A continuación, los solistas forjaron una lectura acoplada, grácil y fluida de la Sinfonía concertante, aunque hubiera preferido mayor equilibrio entre los instrumentos que evitara el predominio excesivo del fagot y lamenté las continuas dificultades de entonación del violonchelo, que remataron en una pifia notoria al puro final.
Al maestro Irwin Hoffman le había escuchado la Quinta de Prokófiev con la OSN en al menos una ocasión anterior, y la lectura del director y el conjunto de nuevo me pareció grandiosa en concepto, concentrada y potente en ejecución, la sonoridad luminosa, precisos los ritmos, las secciones articuladas y puntuales en sus respuestas.
El público premió con largos aplausos las interpretaciones, sobre todo en Beethoven y Prokófiev.