ENSEMBLE RAJKO. Lörinc Danyi, violín I; Ferenc Halász, violín II. Mihály Lólé, viola; Béla Vidák, cimbalón; Antal Suki, clarinete: András Sárközi, contrabajo; Piroska Böjte, Péter Titonelli, bailarines. VII Concierto, X Festival Internacional de Música. Teatro Nacional. Viernes 4 de agosto.
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Melodías y danzas tradicionales de Hungría, algunas de procedencia gitana, embrujaron al numeroso público que abarrotó el Teatro Nacional, el viernes, para ver y escuchar al Ensemble Rajko, de Budapest, que en el séptimo concierto del X Festival Internacional de Música ofrendó un florilegio de música y bailes típicos de ese país.
Oídos en contexto, varios de los motivos, que usualmente asociamos con las rapsodias de Liszt o las danzas húngaras de Brahms, permitían una vislumbre sobre el tratamiento culto que estos compositores dieron a temas y ritmos que, con toda probabilidad, escucharon por vez primera tocados de manera similar a la practicada por el conjunto visitante.
La sonoridad particular del sexteto instrumental se debió sobre todo al cimbalón, instrumento propio de la música popular húngara, que se tañe mediante bolillos que martillan cuerdas dispuestas horizontalmente dentro de una caja en forma de trapezoide.
También el clarinete le prestó cierto aire melancólico a esta música, mientras que los instrumentos de cuerdas (dos violines, viola, contrabajo) completaron la melodía y el ritmo, a menudo alternando números alegres y nostálgicos.
Las coreografías contaron con la vestimenta llamativa y hermosa de distintas regiones de Hungría y la pareja de bailadores mantuvo sincronía, si bien el partenairemasculino se notó bastante tieso de torso y brazos.
Los dos violinistas agradaron a la audiencia con csárdásde difícil ejecución, entre ellas la familiar Alondra, de Dinicu, y otra igual de conocida, debida al italiano Vittorio Monti. Unos cuantos Aires gitanos, de Sarasate, y polkas de Strauss y Renz completaron el programa, muy gustado del público, a juzgar por los aplausos calurosos con que premió al conjunto. Al final, los instrumentistas complacieron, fuera de programa, con la Danza de los sables, de Jachaturián, y Can-Can, de Offenbach.