El espíritu saltarín, la joie de vivre , junto a la finura y delicadeza que animan el Concierto en re para dos pianos y orquesta , del francés Francis Poulenc (1899-1963), fueron captados de modo perspicaz y compartidos en forma centelleante por los solistas, el costarricense Walter Morales (en la fotografía) y la estadounidense Jennifer Shoup, con el acompañamiento despabilado y diligente de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), dirigida por el titular, maestro Irwin Hoffman.
El primero de los conciertos especiales de la actual temporada de la OSN, realizado el viernes, en el Teatro Nacional (TN), ante un público numeroso, también contó con la participación diestra y lucida de Jorge Rodríguez, oboe; Marvin Araya, clarinete; Carlos Ocampo, fagot, y Luis Murillo, corno, principales en sus instrumentos de la OSN, quienes al principio brindaron una interpretación esmeradamente calibrada como solistas en la Sinfonía concertante en Mi bemol, para oboe, clarinete, corno y fagot, KV 297b , del austríaco Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791).
La pieza de Poulenc, escrita en 1931 y estrenada el año siguiente, se programó en sustitución del Concierto para dos pianos, percusión y orquesta , de Béla Bartók, cuya versión alterna, sin orquesta, se había escuchado hace poco interpretada en el recital ofrecido por Jacques Sagot y György Sandor.
La de Mozart data de 1778, durante la estadía parisina del compositor, y en ella originalmente participaba la flauta, pero, cuando el manuscrito se extravió, la escribió de nuevo en Salzburgo para clarinete en lugar de esta.
Los oyentes recibieron las lecturas de ambas composiciones con beneplácito y los aplausos se prolongaron en las dos oportunidades. Cuarteto de vientos, conjunto y director complacieron mediante la repetición de los últimos compases de la obra de Mozart.