Sonido amplio, tono sedoso y resonante, y timbres coloridos distinguieron la actuación elocuente como solista del israelí Roman Spitzer en el Concierto para viola y orquesta , opus póstumo del húngaro Béla Bartók (1881-1945), al final de la primera parte de la novena presentación de temporada de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), el viernes 25 último.
La función estuvo a cargo del director invitado, el estadounidense Delta David Gier, que dirigió la orquesta el año pasado y en otra ocasión anterior, pero era la primera vez que el violista tocaba con la OSN, aunque en el 2007 Spitzer, quien ejerce de viola principal de la Filarmónica de Israel, se desempeñó como director y solista con la desaparecida Camerata Académica Bach.
Bartók. La pieza de Bartók tiene una historia complicada. El compositor murió antes de completarla y los herederos encomendaron esa labor al músico húngaro-estadounidense Tibor Serly, que contó con la colaboración del renombrado violista escocés William Primrose, quien había encargado el concierto y también estrenó la versión de Serly en 1949.
Sin embargo, desde entonces la reconstrucción dividió opiniones de intérpretes y estudiosos y se han realizado otras reelaboraciones de la obra, entre ellas la del violista y musicólogo húngaro Csaba Erdélyi, que él mismo estrenó en Budapest en 1992. Pese a que quizá sea la mejor lograda, motivos de copyright impiden que esa versión se oiga en otros países.
La OSN interpretó el Concierto para viola y orquesta en varias oportunidades aquí, la última en el 2002. No obstante, en esta me pareció que el conjunto tuvo problemas en ponerse de acuerdo con el solista, tal vez porque Gier no había acompañado antes con la obra. Esa misma razón podría ser por qué Spitzer tocó con la partitura a la vista, si bien casi ni se fijó en ella.
Obertura. Felix Mendelssohn (1809-1847), heraldo del romanticismo alemán, completó la conocida Obertura de El sueño de una noche de verano , opus 21, en 1826, cuando tenía 17 años, y la pieza se estrenó el año siguiente. Fue escrita como una obertura de concierto y no fue hasta en 1842 que Mendelssohn compuso el resto de la música incidental para un montaje en idioma alemán de la homónima comedia de Shakespeare.
Al comienzo de la función, sentí que faltó delicadeza y exactitud en el unísono de los violines durante los tenues compases iniciales de la Obertura . No obstante, el resto de la obra discurrió con fluidez y ceñido acoplamiento entre las secciones.
La ‘Patética’. La segunda mitad se dedicó a la Sinfonía N° 6, en si menor , opus 74, conocida como Patética , del ruso Piotr Ilyich Chaikóvski (1840-1893). El compositor mismo dirigió el estreno de la obra a fines de octubre de 1893 en San Petersburgo y tuvo una acogida hostil del público.
Nueve días después Chaikóvski moría del cólera, aunque persisten especulaciones de que fue obligado a suicidarse por un tribunal de honor debido a su relación homosexual con el hijo de un miembro importante de la corte imperial.
Un aura sombría y pesarosa, en la que algunos ven el presentimiento de su muerte, impregna el adagio lamentoso final, movimiento lento inusual para concluir una sinfonía, y la melancolía también marca el movimiento primero; el semivals del segundo irradia cierta ambigua añoranza, mientras que la marcha del tercero transmite un triunfalismo ilusorio, derrotado por la pesadumbre del final.
Delta David Gier y la Orquesta Sinfónica Nacional forjaron una lectura emotiva y poderosa de la Patética de Chaikóvsky, calibrada en dinámica, ponderada en fraseo, si bien en ocasiones los metales desbordaron las demás secciones en detrimento del equilibrio sonoro.
Menos numeroso que en conciertos previos de la temporada, el público se mostró complacido con el desempeño del violista Roman Spitzer y con las interpretaciones de la OSN y el director invitado, Delta David Gier.