
Consciente de que nada de lo que escriba a partir del próximo párrafo cambiará instantáneamente la opinión de alguno de los miles de seguidores del grupo RBD, lo hago con la intención de servirle, a uno de ellos, de referente crítico en un futuro muy lejano sobre uno de sus objetos de adoración infantil.
A quienes nunca han puesto un pie en un concierto de este tipo (y nunca lo harán) les aseguro que todo lo que se diga en contra de la mediocridad del grupo en cuestión resulta como gota de agua en una plancha caliente.
Entre las fuerzas más poderosas del mundo del espectáculo nada se compara con la histeria colectiva de niños y adolescentes. Sencillamente es inmanejable. Maravillosa y peligrosa a la vez. Es su encanto.
Advierto que llegué al espectáculo del nuevo negocio de Televisa sin haber visto un solo capítulo de la novela. Solamente puedo evaluar lo visto y oído sobre el escenario. Mientras, ellos, los miles de chicos y chicas tenían por dentro una carga emocional derivada de las historias planteadas a través de la novela.
Lo anterior confiere atributos inconmensurables a cualquier hijo de vecindad que se pare sobre el escenario y pegue unos cuantos gritos y varios malos saltos. En la mente de los televidentes consumidores de este "fenomenote" no existe la desafinación, las coreografías aburridas, la ausencia de creatividad en el guion, el efecto repetitivo y las palabras huecas. En esa mente todo está perfecto. Al menos por el momento.
Reconozco que había llegado con la esperanza de ver un mejor espectáculo, sobre todo en materia coreográfica pues musicalmente ya estaba adelantado en ese sentido. Es música barata. De hechura predecible, pero muy efectiva. Bien estructurada desde un punto de vista comercial, tanto que podemos cambiar algunas de sus letras por jingles comerciales y se ajustan a la perfección.
Pero resulta que la belleza de un espectáculo escénico radica en la confabulación de todas sus disciplinas en una sola dirección hasta llevar al espectador a un nivel superior de vivencia emocional. Todo eso debido a la belleza creada gracias al buen manejo de las técnicas artísticas.
En la mente del público "RBDmaníaco" es muy probable que todo estuviera perfecto, sin embargo, esto podría cambiar el día que puedan ver algún espectáculo de Pink Floyd o de Madonna.
En el mundo del espectáculo es fácil reunir algunas cuantas recetas y aparentar que se está haciendo un gran trabajo. El soporte técnico es quizás el mejor socio en estas jornadas. Unas buenas luces, algunos cañonazos de papeles plateados y pantallas gigantes mueven la cosa con gran efectividad.
Si quitamos eso, a RBD le quedan unos chavos que cantan mal y se mueven regular. Pienso en los grupos antecesores como Los Chicos y Menudo, incluso Garibaldi y Timbiriche, y me parece que estaban mejor. Por lo menos la mayoría eran más afinados y bailaban con mayor gusto.
El fenómeno es comercial no musical. Los tiempos de súbete a mi moto ya pasaron, ahora súbete a mi negocio.