En alguna parte leí o escuché que todos los días del año, en algún lugar del mundo, alguien hace un tributo a la agrupación de Los Beatles. No me extraña. Su repertorio, sin mencionar nada más, continúa manteniendo una gran influencia en el mundo de la música pop.
He escuchado transcripciones maravillosas a lenguajes musicales de carácter sinfónico, jazzístico, étnico, meditacional, roquero y hasta salsero, incluyendo algunas aberraciones dentro del llamado pop latino de un pésimo acabado. En fin, que con la música de Los Beatles tendremos para rato.
El fenómeno de la Beatlemanía ya pasó los 40 años y se mantiene gracias a que en cada ciudad o país hay por lo menos un grupo que los reproduce. En México se llaman Help y su show lo presentaron el fin de semana pasado en nuestro país.
En Costa Rica he escuchado al grupo Revolution, que lidera Christian Chacón, y vocalmente me gustan más ellos que los visitantes mexicanos del grupo Help. Pero estos tiene todo lo que a los nuestros les hace falta, resumido en una sola palabra: espectáculo.
No se trata de aquí de imitarlos hasta en lo físico, importa más la música, desde luego; sin embargo ayuda, y estos escarabajos mexicanos logran buenos resultados en la búsqueda de su símil. Aunque sin ánimo de hacer chota, por momentos tenían más pinta de Rolling Stones que de los otros cuatro.
Tengo la impresión de que este espectáculo se desenvuelve mejor en un escenario que en un bar; no obstante, la identificación y el apoyo de la gran cantidad de público que llegó al Observatorio superó cualquier inconveniente, cualquiera menos el de haber empezado con el retraso de una hora.
Tres fueron las secciones en que se dividió el tributo. Empieza con algunas de sus primeras canciones hasta acabar un momento antes del disco Revolver . El uso de algunas guitarras clásicas de aquellos años 60 brindaron un sonido muy cercano al estilo original. Sobresalientes fueron las versiones de And I Love Her , con el uso de la guitarra acústica, y del tema Norwegian Wood , donde ejecutaron el sitar, como en las originales.
En la segunda parte, los uniformes al estilo Sargento Pimienta dieron el toque mágico, a pesar de ser muy escueta, pues solo interpretaron dos temas. Luego de un nuevo intermedio soso y tonto por las "dificilísimas" preguntas (como decir los nombres de los Beatles) hechas para rifar discos del grupo Help, estos regresaron para la etapa del disco Abbey Road .
Sería por la emoción del público, que los contagió, pero en esta última parte el cuarteto mexicano perdió la entonación tan pareja que traía y al final el espíritu tan bien logrado de la primera y segunda parte se disolvió. El público paso por alto este detalle y los hizo regresar tres veces hacia el final de un espectáculo en el que - ¡atención! - no se podía salir hasta que este terminara. Esto no solamente es insólito sino que es de un absurdo total.