Concierto de Pedro Aznar y Cuarteto. Gustavo Sadufschi, guitarras; Alejandro Devrier, teclados; Quintino Schinalli, batería; Pedro Aznar, bajo y voz. Técnico de Sonido: Tobi Peralta. Teatro Melico Salazar. Miércoles 8 de julio de 2001. 8:00 P. M. Producción de Conciertos Internacionales y Jazz Café.
Hay tres razones para el título de esta nota. De la primera el causante fue el mismo Aznar, quien mencionó a Prokofiev y entonces recordé su obra inspirada en aquella antigua fábula centro-europea. Se me ocurrió que de tanto rumor sobre la llegada de Pedro Aznar el público finalmente no se lo creyó y no acudió a la cita. Porque sí, hubo muy pocos para tan gran figura.
Sin embargo, en esta nueva historia, el lobo se los comió a ellos, a los que no fueron y a los que sí, montados sobre su lomo estepario, se los llevó por la pampa y los potreros donde habita la señora música; pero de la buena, porque de la mala ya hay en abundancia y todos los días sale de sus escondrijos para nutrir la mediocridad y la ignorancia. Y es aquí donde surge la tercera razón del título. Es otro cuento. Otra fábula con otra moraleja.
Contrario al niño de la vieja historia, Aznar no es un chico que miente. Todo en él es verdad. ¡Qué tipo más honesto musicalmente hablando! De la entrevista que Ana María Parra le sacó por teléfono me quedó muy clarito su posición sobre músico y música popular. Su obra tiene todos los elementos para ser considerada popular pues de hecho se nutre continuamente del folclore y la música urbana que forman la cultura musical argentina. Lo pudimos palpar escuchando, entre otras canciones, La Pomeña de dos notables compositores vernáculos como Cuchi Leguizamón y Manuel Castilla o su musicalización de una letra inédita de Yupanqui, Soledad Jujuy . En ellas está la huella de la música popular y que, como todo lo que cae en las manos de Aznar, se convierte en crisálida para brotar transmutada en ese lenguaje inequívoco que lleva el sello del flaco y que lo ha convertido en un ser especial dentro de la gran cultura musical contemporánea.
El lobo, en este nuevo cuento, es la iniquidad humana. Aznar nos advierte en cada canción y en cada acorde sobre ella. En su discurso llama a la reflexión inmediata sobre la inmoralidad de no ser solidario pero ni con uno mismo. Y así, a través de la letra de Zapatillas y Libros nos condujo a nuestra infancia, cuando íbamos llenos de sueños y fantasías hacia la escuela, para recordarnos que por estas calles del Siglo XXI hay muchos niños de barrios marginales que van pateando una lata queriendo alcanzar la dignidad. ¿Y que pasa con lo de uno? Para eso un cover . Fue cuando mencionó a Prokofiev quien se tomó, según Pedro, unos drinks con Elton John y acto seguido, después de la única mentira de la noche, nos cantó Ya no hay forma de pedir perdón . Solo frente al piano y con su voz de ángel civil nos situó en la sala de los espejos personales. Cantó varios temas del disco Cuerpo y Alma que la revista Rolling Stone, versión argentina, catalogó como el mejor de la década pasada. Cantó uno del disco Caja de Música , un tributo de varios músicos al genio Borges. Cantó cosas que nos trajo reminiscencias de su paso por el Pat Metheney Group y cantó otras, que simplemente abrieron el tercer ojo como Muñequitos de Papel . Un solo de voz, bajo y desatornillador que de una vez me atornilló algo que he venido pensando, y desde hace rato, sobre Pedro Aznar. Y es que él se me figura como el García Lorca de la cultura rock argentina.