Inolvidable tendría que ser el concierto de Santana. Por varias razones. Impecable fue la producción. Luces y sonido se mantuvieron en un mismo nivel de calidad.
Teníamos rato de no ver y escuchar un espectáculo tan equilibrado en el asunto técnico. Desde luego que este detalle incrementó el éxito musical del evento.
El grupo de músicos que acompaña a Carlos Santana en esta gira está sobrado. Cada uno de sus integrantes es un portento en su oficio y el aporte individual origina un collage perfecto de sonidos que fusionan rock , música afrolatina, ligeros toques de jazz , mucho soul y tramos de música inspiracional. Sobresaliente, a nivel de paroxismo, resultó el solo de batería a cargo de Dennis Chambers, a quien algunos de entre público lo conocían, pero para la mayoría de personas este no es un nombre frecuente. Sin embargo su solo volcó toneladas de simpatía y asombro en la multitud. En principio parecía una demostración sencilla de ritmos, sin embargo el constante martilleo en el hi hat y el bombo, durante diez minutos, dejaron boquiabierto a más de uno.
Al otro extremo del escenario, se encontraba Chester Thompson en los teclados y el Organo Hammond proporcionando las dosis del sonido original del Santana en sus tiempos primigenios. Proviene de los extraordinarios años de 1970, cuando formó parte del grupo Tower of Power , considerada la primera banda de rock multiracial en la historia del género.
En los teclados más simples se encontraba Salvador, hijo de Santana, quien ejecutó un solo algo simple, pero emotivo. De todas formas siempre resulta un buen efecto al corazón el detalle que padre e hijo realicen presentaciones juntos. Esto me recuerda los firmes lazos que la familia Santana mantiene y que nos conduce al disco Brothers de donde tomó su versión del Concierto de Aranjuez para fundirlo con la sección de vientos y que finalmente ligó con el tema Maria Maria .
El bajista, Beny Rietveld, otorgó la solidez necesaria para sustentar un colchón d e armónicos a uno de las mejores cuerpos percusivos de la música actual.
La música de Santana sigue siendo, a pesar del evidente giro comercial de sus dos últimos discos, cautivante, arrebatadora e intensamente expresiva. El repertorio de su concierto fue diseñado para unir a dos o tres generaciones de público.
Por un lado las viejas creaciones del guitarrista gozan del remozamiento que la técnica, hoy día, facilita y del aporte de los genios de la música contemporánea.
Sus nuevas canciones atraen al público más joven hacia una propuesta musical más profunda y no espanta a quienes crecieron con sus tres primeros discos.
Es muy significativo el homenaje que Santana brinda a los músicos de Jazz. Lo hizo en este concierto a través de un breve tramo titulado Intro Miles , dedicado a Miles Davis, y por su camiseta en la que resaltaba la imagen del mítico saxofonista Charlie Parker, rodeado por los ojos hirientes y penetrantes del propio Miles Davis.
Más allá de la música, la presencia de Santana en Costa Rica reveló que un concierto popular no tiene porqué estar desligado de la realidad. Su mensaje social y espiritual es práctico, es posible e inmediato.
Santana es un creyente y así lo atestigua el retrato con el rostro de Jesucristo que siempre lo acompaña en los conciertos desde la época de Woodstock.
Su esperanza en la Humanidad se palpa en cada palabra y cuando los niños iban subiendo a la gran tarima su presencia hacía eco de sus palabras: "Somos los arquitectos del futuro y nuestra luz interna nos da el poder para construirlo".