Concierto de Journey. Palacio de los Deportes, Heredia. Viernes 29 de Setiembre de 2000. 8 p. m.
Quienes mostraron escepticismo ante la formación que nos ofreció este concierto, estaban rotundamente equivocados. El argumento tan simplista de creer que sin la presencia del cantante Steve Perry esta superbanda no era lo mismo, me pareció no tener mucha consistencia.
Bastaba con observar quienes eran los integrantes y, desde luego, escuchar algo del más reciente material del grupo con su nuevo cantante, para sospechar lo contrario.
Jamás un guitarrista como Neal Schon, un señor músico como Jonathan Cain y el bajista Ross Valory elegirían a un cantante sin la menor oportunidad de superar el trabajo vocal de Perry. Ahora, hay que tener bien claro que una cosa es la imagen- o dicho en tico la pinta- y otra es la voz. Steve Augeri, la nueva voz solista de Journey, resultó ser un tipo con buena presencia escénica, con dominio del tiempo y dueño de una tesitura que si bien nos recuerda a la de Perry, tiene lo suyo y lo propio. Es un excelente vocalista y punto.
No darse la oportunidad de escuchar a este grupo californiano de hard rock solamente porque no estaba Steve Perry denota una cultura de vitrina, es decir, de fachada. Se opina por lo que se ve y no por lo que uno prueba.
En fin, se lo perdieron por una razón tonta.
Otro argumento y muy válido por cierto, habría sido el de cuestionar el lugar donde se presentó Journey: el palacio de los "rebotes" y no precisamente de basket .
¡Qué difícil es sacarle un buen sonido a ese espacio! Ciertamente el técnico de la gira del grupo estadounidense hizo lo que pudo, mas al final sus esfuerzos sucumbieron ante la ausencia de una concha acústica.
Sin esta no existe la mínima posibilidad de lograr un sonido aceptable y si a ello le agregamos una sobredosis en el nivel del volumen; la cosa se torna insoportable. Por haber olvidado mis tapones para los oídos, la mitad del concierto la pasé de un lado para otro, tratando de encontrar un buen punto en los planos sonoros. No hubo manera ni lugar y yo sigo con mi telele del sonido. Si el sonido no está bien, un 50 por ciento del espectáculo está mal y punto.
Para mí, el grupo Journey se inscribe en la modalidad de un hard rock dirigido a lo que en las radios estadounidenses se define como Adultos Contemporáneos.
Comparte honores con grupos como Foreigner, Toto o Reo Speedwagon; en los que siempre hubo músicos impresionantes y de gran talento, casi virtuosos. No es de extrañar que una buena cantidad de canciones de Journey hayan sido éxitos apabullantes y que, alrededor del mundo, todavía se canten con una gran dosis de nostalgia.
En nuestro país, este repertorio es muy significativo, sobre todo entre quienes fueron jóvenes adolescentes en la generación de los años 80.
En el concierto se escucharon todas esas canciones y obtuvieron el griterío del escaso público temas como: Separate Ways , Send her my love , Who's cryin now , Open Arms , Anyway U want it , Don't stop believen y por supuesto Faithfully , con la que el público coreó, coreó y coreó.
Voy a concluir esta nota llamando la atención sobre el divorcio que a veces existe entre una casa disquera y los empresarios de espectáculos. En el caso de Journey era imprescindible que su nuevo tema estuviera sonando en las radios con gran anticipación. Sospecho que mucha gente no se acercó por desconocimiento de lo que el grupo está haciendo hoy día. Si la música es para unos un negocio, pues hay que hacerlo bien y punto.