
Uno de los elementos fundamentales en el género jazz es lo que se conoce como formación de sonido.
Algunos musicólogos, Joachim Berendt, por ejemplo, incluyen en este proceso la definición de un fraseo en el instrumentista como elemento, sea como diferenciador de estilo o bien como aspecto de la personalidad emotiva del solista.
En la formación del sonido está implícita la creación de la estética y la ética de la música en sí, la música jazz .
Todo buen jazzista , y no digo excepcional, tiene un sonido particular y, desde luego, un fraseo que le distingue de los otros.
Es posible que cuatro músicos que no se conocen y se unen a ejecutar puedan obtener una formación de sonido y que esta sea, además, una expresión de gran belleza musical. En ello, radica la madurez de un jazzista.
Armar un grupo y consolidarlo exige por tanto una formación de sonido y aunque, para algunos, lo siguiente parezca contradictorio al espíritu libre del jazz; en esta búsqueda del sonido personal el arreglo juega un importante papel en su definición.
El joven pianista francés, 32 años, Alexandre Saada transita por la avenida de la definición de estilo. Es, por supuesto, la vía más transitada de todas y en cada esquina siempre hay uno que está a punto de tomar su propia dirección. Este pianista es un músico en transición. En sus obras, la formación del sonido asoma algunos vértices de estilo pero aún el caleidoscopio de notas es disperso y las figuras resultan demasiado volátiles, difusas o de poca trascendencia. Sobre todo esto último.
Sin embargo resulta curioso que en su disco compacto, grabación de quinteto, se pueden apreciar buenas ideas que son sacrificadas en vivo por una buena dosis de expresión; esto no está mal pues en vivo los espectadores necesitamos sentir expresividad.
Aunque cada integrante del cuarteto por sí solo es un buen instrumentista, juntos no alcanzaron la suficiente intensidad para conmover a más de un oído experto en jazz , que se hizo presente la noche del pasado jueves.
Sophie Alour, con un evidente dominio técnico del sax tenor, por lo general se mantuvo a raya sin mostrar profunda pasión, libre y desbocada, en sus líneas de fraseo. El baterista Donald Kontomanou fue quien “sacó las uñas” y en una batería sencilla obtuvo deslumbrantes giros de creatividad además de un manejo del volumen casi desconocido en este país. Por su lado, Daniel Botta, en el bajo eléctrico, no descolló; sin embargo, le otorgo el valor de la duda puesto que la música no me dijo mucho y a lo mejor con otros arreglos “otro bajo cantaría”.
El cuarteto de Alexandre Saada es un grupo de músicos en transición. Están justo en medio de esa intersección donde no son ni muy buenos pero tampoco muy malos. Es mi sentir que se aproxima un cambio de dirección, quizás como resultado de esta gira por Latinoamérica; una experiencia que desearía para algunos grupos de jazz costarricense, en especial Swing en 4, en quienes ya encontramos una conformación de sonido.
La iniciativa de la Alianza Francesa debe continuar. El cartel de ofertas musicales que ofrecen es impresionante y para el que siempre tendremos los oídos bien dispuestos.