ORQUESTA SINFÓNICA NACIONAL (OSN).
X Concierto de abono, Temporada 2004.
Director titular: Chosei Komatsu.
Solista: Makoto Ozone, piano (Steinway & Sons, Hamburgo).
Lugar: Teatro Nacional.
Fecha: Viernes 29 de octubre. 8 p. m.
No compartí enteramente el entusiasmo frenético del público numeroso ante la interpretación del pianista y compositor japonés Makoto Ozone (n. 1961) de su propio Concierto N° 1 para piano y orquesta, Mogami, el viernes, en el Teatro Nacional, en la décima presentación de la temporada oficial de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), dirigida por el titular y compatriota del solista, maestro Chosei Komatsu.
El concierto de Ozone mantiene los tres movimientos usuales y, según explica el compositor en las notas del programa de mano, el material se basa en Mogamigawa funauta, una antigua canción tradicional del Japón.
La composición guarda intenciones narrativas y cada movimiento ilustra algún aspecto del curso del gran río Mogami. El primero describe el cambiante recorrido de un bote que navega por el torrente; el segundo pinta un cuadro del severo invierno de la región que el cauce atraviesa; el tercero relata el despertar de nueva vida con la llegada de la primavera, cuando el hielo y la nieve se derriten y las aguas se funden con las del río.
Reconocido y respetado como compositor y pianista de jazz, con esta obra Makoto Ozone ha incursionado en la modalidad del crossover o cruzamiento musical, una práctica muy en boga en la actualidad, que se propone, mediante mezclas de tipos y estilos, abolir las diferencias que históricamente separan las distintas expresiones musicales.
Admiré la brillante técnica exhibida por el pianista en su desempeño, me pareció lucida la instrumentación orquestal de la pieza y encontré agradable, si bien harto convencional y predecible, el posromántico lenguaje armónico cultivado por el compositor.
Al mismo tiempo, pese a que Ozone hizo gala de abundantes dones melódicos, tuve la impresión de que los diversos idiomas empleados no abarcaron una integración rigurosa y la pieza vagó en una especie de sincretismo complaciente, a ratos refocilándose en efectos ampulosos de gusto cuestionable, por ejemplo, los golpes de bombo y gong en el clímax del segundo movimiento, y las extendidas, churriguerescas e insustanciales cadencias pianísticas.
Sin embargo, es música de accesibilidad inmediata y gratificante para la mayoría, y la ejecución comunicativa y lustrosa de Ozone, Komatsu y la OSN levantó el clamor de los oyentes, quienes no soltaron al pianista y compositor hasta que complació con una breve pieza adicional, también de su cuño, que nombró en inglés Where do we go from here?, título que podría traducirse Y ahora, ¿adónde?
Al comienzo, Komatsu y la OSN moldearon una versión robusta de la obertura de la ópera Las bodas de Fígaro, de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), luminaria del clasicismo austríaco, en la que resaltaron el trazo preciso de las cuerdas y la sonoridad compacta, quizá algo lejana de la transparencia elegante asociada con este compositor y que se aproximaba, más bien, hacia el sonido orquestal más denso y bronco de la Sinfonía N° 7, en la mayor, opus 92, de Ludwig van Beethoven (1770-1827), exponente máximo del posclasicismo austro-germano, cuya lectura enérgica y ardorosa concluyó la función.
Tiempos rápidos, pero no precipitados, cadente ímpetu rítmico, frases torneadas con esmero, un sentido de rumbo indefectible, cohesión de las secciones y respuestas diligentes del conjunto, resultaron en una ejecución soberbia de la Séptima y señalaron a Chosei Komatsu como intérprete beethoveniano de alto rango.
Esta vez sí compartí el entusiasmo del público, que aplaudió por largo rato al final de la obra.