El propósito era celebrar 25 años de carrera musical en compañía de algunos colegas y ex integrantes del grupo Cantoamérica, repasar unos cuantos momentos en la historia de su trayectoria y lograr que el público la pasara tan bien que hasta pudiera bailar.
Bueno, hay que reconocer que Cantoamérica logró lo que quería, eso y mucho más para nuestra alegría y satisfacción.
Recuerdo que en una anterior evaluación que hice sobre este grupo apunté respecto a lo necesario de una mejor definición en varios asuntos, entre ellos los arreglos, la imagen del grupo sobre el escenario y el montaje del espectáculo.
El concierto del vigésimo quinto aniversario nos mostró un grupo renovado y con una actitud muy diferente en escena.
Tanto, que el mismo Manuel Monestel, líder de la emblemática agrupación y por lo general exageradamente sobrio en su comportamiento, mostró una actitud de mayor desenfado y de gran movilidad escénica.
El repertorio de Cantoamérica es único en el país y aquellos que se exponen a él, tarde o temprano tendrán que mover su cuerpo o expresar de alguna manera el placer de aquella música. Sin embargo, soy de la opinión de que no hay que dejarle todo al efecto de las notas en nuestro ánimo.
El comportamiento de los músicos es fundamental para consolidar ese efecto, ser consecuente con el resultado y entregar un poco más, que al fin y al cabo se trata de un espectáculo y, como tal, hay que cumplir con ciertas reglas del juego en escena.
El concierto fue impecable de principio a fin. Exceptuando algunos breves instantes de vacío escénico, la continuidad nunca se rompió en forma abrupta. Había un guión y fue notorio su cumplimiento. Notables, también, fueron las inserciones de video con los testimonios de algunos compañeros de carrera musical.
La productora Elipsis y su director José Ramírez demuestran manejar conceptos visuales contemporáneos que alimentaron, en manera muy emotiva, esta celebración. El sonido de Luis Guzmán, pieza clave en el grupo pues tiene más de ocho años de trabajar con ellos, cumplió con todos los requisitos a cabalidad.
Al principio la guitarra estuvo un poco sobre modulada y el vibráfono del talentoso Felipe Fournier no sobresalía frente al teclado. Pequeños detalles que fueron superados y nos permitieron fluir sin tensión durante el resto del concierto.
Hubo momentos gloriosos. María Pretiz y Humberto Vargas cantaron El Espejo . Guitarra y piano. Hermoso dúo. El grupo de Nu Jazz conocido como Amarillo Cyan y Magenta arrancó frenéticos aplausos con la transformación de Canción del Oficio.
Los temas con Manuel Obregón impactaron por su sencillez y naturalidad, que con la incorporación del trío de voces femeninas, culminaron de manera refrescante.
Una de las canciones más queridas de Cantoamérica, Seguirá el Amor, letra de la poetisa nacional Virginia Gruter, llegó a la médula con la interpretación del trío Editus. ¡Feliz 25 años Cantoamérica.