
Después de una ausencia de varias semanas, esperaba más público en ocasión del retorno al podio, frente a la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), del director titular, Chosei Komatsu, para el undécimo y penúltimo concierto de la temporada oficial del conjunto, el viernes, en el Teatro Nacional.
De hecho, la asistencia apenas llenó alrededor de la mitad del aforo de la sala, pese a que el programa ofrecía sendas obras maestras del repertorio posclásico y romántico: el Concierto N° 5, en mi bemol mayor, para piano y orquesta , opus 73, del alemán Ludwig van Beethoven (1770-1827), conocido como Emperador , que se estrenó en 1811, y la Sinfonía fantástica , opus 14, del francés Hector Berlioz (1803-1869), oída por vez primera en 1830.
Asimismo, el concierto significó el estreno mundial de Irazú , breve poema sinfónico del costarricense Luis Diego Herra (n. 1952). De unos diez minutos de duración, la pieza es una especie de paráfrasis musical de las impresiones que la montaña volcánica por ventura causa en el espectador, y evocación de su latente fuerza telúrica.
Organizada en forma libre, próxima a la de una fantasía, Irazú se desenvuelve dentro de una textura armónica tonal y la instrumentación involucra las secciones en fuertes contrastes de timbre y dinámica. En general, la ejecución de Komatsu y la OSN me pareció ágil y relucida, pero los metales tendieron a desafinar hacia el final.
Como solista en el Emperador , el joven costarricense Carlos Quesada, quien se perfecciona en Suiza, brindó una interpretación correcta, es decir, las notas estaban ahí, aunque ayunas de matices sonoros y expresividad en el fraseo. No dudo de que, con el tiempo, su interpretación adquirirá mayor madurez y fineza; por ahora, hay que celebrar que sus nuevos maestros lo han guiado con éxito en el desaprendizaje de la tendencia a aporrear el instrumento.
Oí indiferente el acompañamiento de Komatsu y la OSN, falto de la grandeza y exaltación heroica asociadas con la obra. En lo positivo, el director evitó forzar el sonido de la orquesta.
El Steinway puesto a disposición del solista sonó desafinado y su condición sigue deteriorándose: los agudos ya suenan a lata, los graves no tienen cuerpo y los medios tampoco halagan el oído.
Después del intermedio, sentí más lograda la lectura que Chosei Komatsu y la Orquesta Sinfónica Nacional modelaron de la Sinfonía fantástica . Las secciones se oyeron afinadas; la gama sonora del conjunto, amplia y diferenciada en dinámica; las respuestas rítmicas, prontas y precisas, y el clima emotivo de cada movimiento fue delineado de modo eficaz, para culminar de manera brillante en la ronda orgiástica del aquelarre.
El público aplaudió cortésmente al final de Irazú y el Emperador y aclamó a los intérpretes en la conclusión de la Sinfonía fantástica .