ORQUESTA SINFÓNICA NACIONAL (OSN) .
Director invitado : Vakhtang Jordania.
Solista : Gregory Miller, corno ( Conn 8 D, Elkart, Indiana, 1951).
VI Concierto , Temporada Oficial 2002.
Teatro Nacional .
Viernes 28 de junio. 8 p.m .
Con la lectura poderosa, enardecida y persuasiva de la Sinfonía N° 4, opus 29 , del danés Carl Nielsen (1865-1931), estrenada aquí el viernes, en el Teatro Nacional (TN), bajo la guía lúcida y certera del maestro Vakhtang Jordania, la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) alcanzó, a mis oídos, el rendimiento más elevado y reluciente de la actual temporada oficial.
Nielsen concluyó la Inextinguible en 1916 y después del estreno explicó que el nombre reflejaba la expresión abstracta, contenida en la música, de la fuerza renovadora e inacabable de la vida. La interpretación visionaria de Jordania y la OSN comunicó el sublime impulso vital que inspira la obra, con toda su combativa complejidad.
En la sinfonía, la superación dramática de los obstáculos que se oponen a la existencia culmina, en el cuarto y último movimiento, por medio de un duelo formidable entre dos juegos de timbales que, de costumbre, se colocan en extremos opuestos de la orquesta; sin embargo, Jordania los mantuvo contiguos y, por ende, el significado simbólico se perdió; no obstante, en cuanto al desempeño musical propiamente, el conjunto produjo sonoridad espaciosa, ora recia ora delicada, y el director equilibró las secciones de modo escrupuloso.
El sexto concierto de temporada en el TN se complementó, al final de la primera parte, mediante el concurso distinguido del solista estadounidense Gregory Miller, cuya desenvuelta ejecución del Concierto N° 2, en mi bemol mayor, para corno y orquesta , de Richard Strauss (1864-1949), constituyó un modelo de tersura sonora, entonación precisa, soplo firme y timbres matizados.
El corno se encuentra de manera preponderante en toda la obra orquestal y operística de Strauss ¡su Sinfonía alpina requiere de 20 cornos! y el segundo concierto, escrito en 1942, quizá sea el más arduo para un instrumento ya de por sí difícil. Las dificultades no son menores para la orquesta, pero Jordania y la OSN las resolvieron con soltura gracias al esmero puesto en el acompañamiento.
Igual de fluida y puntual se escuchó la versión expansiva y rotunda de la Obertura para un festival académico (así anunciada, pero más conocida como Obertura académica ), del alemán Johannes Brahms (1833-1897), que el maestro Jordania y el conjunto brindaron al principio. Empero, me pregunto si no cabría menos solemnidad en la interpretación de esta pieza, compuesta en 1880, sobre la base de tradicionales canciones estudiantiles alemanas entre ellas la famosa Gaudeamus igitur , para celebrar, quizá con cierta ironía, el doctorado académico que la universidad de Breslau le había conferido al músico en 1879.
Dos máculas: una, no hubo programa de mano porque, según me informaron voceros de la OSN, la Municipalidad de San José, encargada de la impresión, no los entregó a tiempo; luego, desafortunadamente la asistencia fue aún más reducida que la del concierto anterior.
De nuevo, la comisión técnica responsable del repertorio no hizo una selección juiciosa y programó una obra nunca antes ejecutada por la OSN, de un compositor muy poco conocido en nuestro ámbito, junto con un concierto para un instrumento que, a juicio de la mayoría, no tiene el hechizo que tienen el piano o el violín, por ejemplo.
Pese a sus méritos intrínsecos, ambas piezas necesitaban "gancho", es decir, convenía programarlas por aparte en sendos programas que incluyeran obras de atractivo para el gran público. Ojalá la nueva comisión técnica que empezó recientemente las funciones preparatorias de la próxima temporada saque conclusiones útiles de esta experiencia.
Por lo demás, aunque no tan numeroso, el auditorio aplaudió con entusiasmo las actuaciones del cornista Gregory Miller, el maestro Vakhtang Jordania y la Orquesta Sinfónica Nacional.