Jacques Sagot, Cuentos de plenilunio. Ilustrados por Ana Griselda Hine. Prólogo de Raúl Torres Martínez (San José: Editorial Tecnociencia, 2001) 222 pp.
Diez relatos componen este libro, y el último de la serie, Harry vuelve a casa , deberá ser de inclusión obligada en toda futura antología del cuento costarricense.
Las otras narraciones son variadas, pero sobresalen aquellas sobre el mundo cotidiano de los empleados de oficina, de algunos modestos servidores públicos, reconocibles coetáneos nuestros presentados en situaciones extremas o jocosas. Es entre estos personajes donde el autor encuentra y cultiva un penetrante sentido del humor y crea una persistente y atractiva tensión narrativa.
Pero en la mayoría de estos cuentos más bien nocturnos según sugiere el título el autor no opta por crear un acontecimiento definido en torno al cual se configure el relato; parece preferir los recuerdos, la descripción morosa de algún hecho, en una suerte de adagio, donde la acción narrativa se deja demorar.
En los otros casos, como en El hombre en el retrete y en La sentencia , hay esa aguda percepción del mundo del pequeño burócrata, modesto pero vivillo y, sin duda, ejemplar numeroso en nuestra fauna urbana: "Nueve y media de la mañana. Para disimular mi retraso, demoro mi entrada a escena hasta la hora en que los compañeros de Auditoría van en procura de la primera infusión de cafeína del día. Mi llegada se diluirá así entre el momentáneo revoloteo del personal. Nada como el gesto de fatiga mental con que me dirijo al percolador, fingiendo con ceño fruncido y labios contraídos esa extenuación que sucede a la más prolongada concentración intelectual. Mientras represento mi pequeño sainete no puedo menos que felicitarme por el hecho de haber estafado a la Corporación con una hora de 'trabajo' dilapidada en mera holgazanería. Por lo demás, éxito total: nadie ha notado mi retraso, y puedo ahora confundirme con el caudal de burócratas que se reintegran a sus puestos en el departamento de Auditoría. Poco dura mi victoria. Al entrar a mi cubículo descubro sobre el escritorio un papeluco multicolor al cual mi sucia conciencia atribuye de inmediato un aura vagamente amenazadora. Nada hay que temer: se trata tan sólo de una tarjeta de felicitación, una de esas relamidas postales llenas de firmas y garabatos, apoteosis de la cursilería ministril"(95).
Este universo de personajes de oficina capitalina y alrededores aparece bien logrado en ese par de relatos que en un apropiado tempo allegro transparentan una sutil crítica contra tales formas de vida y sus consecuencias: variaciones del amplio tema de la corrupción.
Estilo fatigante
Otros cuentos, en cambio, parecen extemporáneos y distantes, donde el esfuerzo del narrador por mantener una prosa adjetival algo barroca termina por disminuir la eficacia de su relación o por fatigar al lector.
Así, a manera de ejemplo, cuando un adulto recuerda de su infancia el ver un juguete añorado en manos de otro niño: "Y fue en sus manos donde vi, al caer la tarde de aquel aciago día de Navidad, el juguete que debía haberme pertenecido, por decreto incontestable de las potencias mismas que rigen el orden cósmico. Lo vi a través de la ventana de su cuarto, lo vi breve pero inequívocamente, durante un furtivo y quizás intencional descorrerse de cortinas. Era suyo en virtud de algún inexplicable fenómeno, de una especie de metafísica usurpación que mi mente no comprendía y mi corazón se negaba a aceptar".(162)
Contrario a ese modo narrativo, los cuentos Hacia la luz y Harry vuelve a casa son de mucho mérito: el primero, una especie de metáfora descarnada de lo que puede ser la vida de un artista en la Costa Rica de hoy, y del segundo digamos que es excelente en parte gracias a su tensión constructiva in crescendo , fija en el desenlace, narrado en una especie de allegro vivace , el cual culmina con un final impactante, un gran finale .v
Garrett Britton / La acción narrativa se deja demorar en el libro Cuentos de Plenilunio .