La nueva agrupación Ensamble Experimental se integró en la constelación del sector independiente de la danza nacional, esta vez con el propósito de poner en escena un espectáculo de Modern Jazz.
El grupo recién creado, que trabaja al lado de la compañía independiente ZONA, bajo la dirección de Miguel Bolaños, presentó Translúcidos de Paola Mentrel. Dicha propuesta estaba despertando mucha expectativa, ya que en nuestro medio no se cuenta con una elenco profesional que cultive este género coreográfico.
Este trabajo, cuyo título tiene la acepción de "cuerpos que dejan pasar la luz, pero que no dejan ver nítidamente los objetos", contó con la participación de cinco bailarinas: Andrea Navarro, Ana María Mendosa, Melissa Rivera, Melisa Ramos y la coreógrafa. Además, Robert Brealy realizó el ensamble musical con el género trip hop, con el objetivo de acercar a un público joven a la danza escénica.
A Translúcidos le hizo falta una solidez dramático-estructural y el lenguaje utilizado resultó limitado. Por esta razón, el mensaje fue poco claro. La obra se desarrolló entre lo anecdótico y lo abstracto con cortes abruptos y algunos personajes se presentaron desde el principio esteriotipados, predecibles, por ejemplo: la fuerte es mala, la buena es casi tonta o la despistada nunca se entera de lo que sucede en el grupo. Otro elemento que atentó contra el entretenimiento del espectador fue la reiteración de los movimientos o resoluciones de espacio deviniendo en una pobreza de léxico coreográfico.
No obstante, el elenco de Translúcidos posee buena disposición técnica, pero, la poca claridad en la dirección hizo que el talento de las integrantes se disipara. En el ámbito del desempeño corporal destacó, en algunos momentos, Ana María Mendosa, porque fue la que logró crear un personaje con una estructura coherente durante todo la obra, además, ella posee fuerza interpretativa y bailó sintiendo el personaje desde adentro.
En los aspectos plásticos, Carolina Aguilar creó un acertado vestuario que contribuyó a la caracterización de los personajes, manteniendo una agradable pátina y unidad en el diseño. Los trajes ayudaron a ubicar al espectador en el espacio y tiempo donde se desarrollaron las acciones. También se vio interesante el detalle de minimalista de la escenografía a cargo de Ronald Araya, quien con alambre de púas enmarcó el área de acción de las protagonistas.
Por su parte, Humberto Canessa con la iluminación le aportó dinamismo y volumen a los segmentos coreográficos.
Es de esperar que para futuros trabajos de la nueva agrupación los aspectos más débiles de Translúcidos se revisen con mayor rigurosidad para que el esfuerzo de los bailarines y coreógrafos independientes den mejor resultado. El medio dancístico está ávido de nuevas propuestas, mas el balance de la calidad de todos los aspectos es fundamental.