
Destaco la importancia del espacio NOSILICONA porque forma parte de la evolución misma de la disciplina coreográfica de nuestro limitado medio. Este foro ha permitido convocar sistemáticamente a un público interesado en propuestas que exploren el arte escénico donde el cuerpo humano es protagonista. También le ha proporcionado a jóvenes inquietos mostrar trabajos en proceso. Por esta razón, la crítica va enfocada a transmitir esos primeros impactos y no tiene como fin analizar una obra terminada.
Sin pretender crear una representación que tuviera un argumento lineal, el bailarín David Calderón acudió a la quinta cita de NOSIILICONA para mostrar su estudio sobre el cuerpo humano y sus agresiones. El coreógrafo aprovechó las posibilidades de este programa alternativo y se hizo presente con Disección , un material coreográfico que no estuvo precisamente, disecado. Para la Disección su amigo silicona fue asumido por el filósofo Jorge Jiménez, quien al final verbalizó su reflexión ante el estudio de Calderón. El texto de Jiménez me agradó mucho, sin embargo, no fue oportuna su longitud, toda vez que los asistentes comenzaron a abandonar el lugar y esto conspiró contra un posible diálogo con la audiencia.
Tres bailarines pusieron a disposición de Calderón su corporeidad para mostrar a los presentes Disección , que nos remitió a múltiples intertextos artísticos del renacimiento y barroco, especialmente los relacionados con las fascinantes lecciones de anatomía.
Disección expone un análisis pormenorizado del cuerpo humano dibujado en claraoscuro y se ejecutó a través de múltiples cualidades de movimiento. No fueron cadáveres, sino seres vivos, a los cuales el autor los sometió a un juego de poder donde la víctima y victimario se debatían en una violenta lucha. Mediante tres solos recorrimos el territorio carnal de la humanidad del cual brotaron muchas imágenes agresivas que recuerdan lo que se vive en nuestros días en todo el orbe.
Disección contó con una estructura escenográfica minimalista y fría, ubicada en un rico escenario de gran profundidad, desde donde emergían los protagonistas de la clase de anatomía aplicada. En calidad de enfermera, María Clara Vargas, acompañó a los bailarines con el clavicémbalo ejecutando los compases de J.S.Bach, con sonidos que se fugaban por las paredes de un quirófano totalmente nítido. Las notas bachianas contrastaban con la brutalidad de los movimientos y lo parsimonioso del maestro, encarnado por Calderón. No obstante, sus parlamentos no siempre se escucharon con claridad.
En el primer estudio Karen Elizondo, prestó su cuerpo para que el público apreciara las posibilidades de tortura de un torso. En la segunda lección Sebastián Méndez puso sus extremidades superiores al servicio del galeno para continuar con los atropellos corporales. Finalmente de Wendy Chinchilla, se utilizaron su extremidades inferiores para mostrar los efectos de rigor mortis . Cada uno de los bailarines le dio su tono interpretativo, gustándome más la participación de las dos bailarinas. En Méndez extrañé algo de intensidad.
La simpleza que posee Disección se presta para infinitas lecturas, es un texto coreográfico dinámico, con buena duración y hasta deja al espectador con ganas de ver un poco más.