Dos películas
Violencia en la tempestad (Hard Rain). Dirección: Mikael Salomon. Guión: Graham Yost. Fotografía: Peter Menzies. Música: Christopher Young. Con Morgan Freeman, Christian Slater, Randy Quaid, Minnie Driver, Edward Asner. Estadounidense, 1998. Estreno.
Dentro de Violencia en la tempestad coexisten dos películas: una que vemos y la otra sumergida.
La primera narra un diluvio posmoderno en Huntingburg. Allí la población opta por despedirse de sus casas y de sus cosas, mientras una compañía de seguridad pone a resguardo una bolsa bancaria de tres millones.
Cuatro maleantes andan tras el botín, aunque no cuentan con la resistencia de uno de los camioneros (Slater); la intromisión del sheriff (Quaid); y la terquedad de una muchacha (Driver) y de un par de viejos que quieren quedarse en el pueblo.
Hay agua a montones - uno se acuerda de Titanic -, tomas neblinosas, muchísima artillería y el plagio tardío de una fuga de prisión de Marlon Brando (One-Eyed Jacks, 1961). No hay, en cambio, progreso narrativo; a pesar de, o debido a, la enorme agitación.
Hasta aquí, la película vista. Pero dije que existía otro filme oculto, potencial. La cinta que quizá trataron de hacer los responsables del engendro y que por alguna razón (falta de genio, miopía alegórica) no cuajó.
Me baso, a la hora de las pruebas, en un hecho: las características del espacio donde gira la acción. Dicho espacio tiene dos puntos obsesivos, recurrentes - la iglesia y el cementerio - y su trayecto amojonado de cruces sugiere (¿qué duda cabe?) un discurso escatológico, de fin del mundo.
Idea reforzada por la cita de Jeremías a los filisteos que recita Kenny, uno de los malos: "He aquí que suben las aguas del norte, y se harán torrente; inundarán la tierra y su plenitud, la ciudad y los moradores de ella; y los hombres clamarán, y lamentará todo morador de la tierra".
Por otra parte, la elección de los actores Morgan Freeman (Los siete pecados capitales, filme también pluvial) y Cristian Slater (El nombre de la rosa) me parece destinada a crear, por asociación, cierta expectativa de orden religioso.
Pero, lo siento de verdad, esta segunda película de que hablo es apenas una hipótesis y, si es cierto que estaba ahí, nunca fue hallada. ¡Lástima grande!