Una película con un guion malo resulta pura cáscara y nada de pulpa. Es lo que pasa ahora con el filme Zathura: Una aventura fuera de este mundo (2005), donde al director Jon Favreau solo le queda decantarse por la puesta en escena ante un argumento más bobo que el apellido del mejor de sus actores: Jonah Bobo, quien encarna a Danny, niño de seis años.
Quedamos advertidos: el filme se limita a mostrar a unos hermanos (dos varones niños y una muchachita), quienes hacen del pleito, de la envidia y de la agresión su modo de vida, con un papá divorciado que los cuida en ese momento. En una secuencia, uno de los niños encuentra un juego en el sótano llamado Zathura.
Cuando lo juegan, los hermanos se ven inmersos en extrañas aventuras sin pies ni cabeza, incoherentes, confusas, inconexas, arbitrarias y enredadas. Cada vez que oprimen un botón sucede cualquier cosa, o sea, lo que les da la gana a los guionistas David Koepp y John Kamps, quienes se basan en el libro de Chris van Allsburg. Como ven, este largometraje se vincula con Jumanji (1995, de Joe Johnston), no solo por el autor en que se basa, sino porque se muestra a partir de un juego de mesa.
Por supuesto que no falta la incansable moraleja de siempre, sobre la hermandad, para ver cómo los hijos superan sus controversias o bochinches una vez cumplido el ciclo del juego; poco más y nos muestran hasta un posible arreglo de los padres divorciados, que de estos extremos no se salvan las malas cintas.
Esta película viene a confirmar una actitud del cine más comercial, la de que para los niños y las niñas (como se dice ahora) todo es vendible, por lo que no es problema alguno hacerles películas de regulares para abajo. Ya sabemos que la infancia es bondadosa. De alguna manera, esto es menospreciar la inteligencia infantil y explotar el bolsillo de mamás y papás.
No está de más contarles que el niño menospreciado de la familia será el héroe al final del relato visual, ¿podía ser de otra manera? Sin embargo, sabemos que la realidad se comporta diferente en términos sociales y, más bien, vemos cómo los marginados y discriminados siguen siéndolo, aunque los políticos de turno siempre hablan de ellos en sus campañas: los necesitan para ofrecer una sociedad diferente cada vez, por eso los mantienen discriminados y marginados, e igualmente marginadas y discriminadas.
En fin, volviendo a la película Zathura, esta nos resulta blanda como puré de papa, pese a la supuesta rudeza de algunas de sus imágenes espaciales. Su relato no va más allá de ser hoja muerta de un árbol, pero que se acumula como basura sin llegar a potenciarse como abono. Filme monótono como el canto de un grillo.