
Jinete de Ballenas (Whale rider)
Nueva Zelanda-Alemania, 2003, 101 minutos.
Dirección: Niki Caro.
Guion: Witi Ihimaera & Niki Caro.
Producción: John Barnett, Frank Hübner & Tim Sanders.
Fotografía: Leon Narvey.
Edición: David Coulson.
Música: Lisa Gerrard & Jeremy Swett.
Intérpretes: Kisha Castle-Hughes, Rawiri Paratene, Vicky Haughton, Cliff Curtis, Grant Roa.
De la cinematografía neozelandesa prácticamente no se conoce nada en los circuitos comerciales internacionales de cine, salvo el caso del excepcional Peter Jackson, de quien, sin embargo, poco se conoce sobre sus primeros filmes hechos en su propio país.
Por ello, siempre es de celebrar que llegue a nuestras salas una película de calidad de aquellos u otros confines “remotos”, para así poder apreciar esas distintas sensibilidades y modos de hacer la imagen en movimiento.
Este es el caso de Jinete de Ballenas ( While rider ), realizada por la directora neozelandesa Niki Caro, quien había debutado en 1997 con el filme Memoria y deseo .
Esta más reciente película de Caro está basada en una novela de Witi Ihimaera, quien escribió la historia cuando su hija le preguntó por qué las niñas nunca eran las heroínas de los cuentos. Con esa premisa inicial, la escritora y la directora emprendieron el guion de este emotivo filme, a medio camino entre las tradiciones ancestrales y la contemporaneidad.
Jinete de ballenas nos adentra en algunos mitos y en el modo de vida de los maoríes, que, según la leyenda, fueron descendientes de Paikea, el cual llegó a aquellas tierras hace más de mil años, salvado por una ballena.
Pero, en cada generación, uno de esos descendientes debe ser nombrado el nuevo jefe de la comunidad, y es aquí donde comienza el dilema, pues el supuesto varón heredero a quien le correspondía murió junto con su madre en el momento del parto.
Sin embargo, de ese parto sí nació una niña, Pai, que no es reconocida por su abuelo y jefe de la tribu, Koro; que además le achaca la culpa de todas las desgracias que aquejan a los maoríes desde su nacimiento.
Por ello, Koro convoca a los niños del pueblo para entrenarlos en los antiguos rituales y las habilidades guerreras de los maoríes, y así intentar hallar un “verdadero” líder masculino, para cuando él ya no exista.
A pesar de este rechazo total, Pai tiene una gran admiración por su abuelo y necesita desesperadamente su cariño y sabiduría. Por eso intenta hacerle ver que ella, a pesar de ser mujer, también puede hacer –y mejor– todos los retos que impone el abuelo a los niños del pueblo.
Realizada en Whangara, el sitio donde habitan desde hace cientos de años los maoríes, este filme combina la naturalidad del paisaje y de la historia que nos relata con una metafórica visión de esos ritos y creencias ancestrales, vistos desde una percepción actual.
Por otro lado, Jinete de ballenas se apoya visualmente en una bella fotografía de visiones panorámicas, que recrea las relaciones del pueblo maorí con el mar, así como una banda sonora ajustada a las intenciones del argumento del filme.
Ahora bien, en ese mismo sentido, la belleza, frescura y la sutileza de la trama y la caracterización de los personajes (sobre todo el de la niña protagonista) se ven a veces empañados por un excesivo e innecesario sentimentalismo, algo edulcorado, que le resta fuerza y contundencia a la historia.
No obstante este “defecto”, este filme no deja de ser un bello y emotivo canto (antropológico, pero también vital) a la necesidad de rehacer mitos y creencias diferentes, ante el avance de tanta homogeneidad y (pos)modernización.