La sonrisa de Mona Lisa EE.UU., 2003, 119 minutos Dirección: Mike Newell Guion: Mark Rosenthal, Lawrence Konner Música: Rachel Portman Fotografía: Anastas N. Michos Edición: Mick Audsley Intérpretes: Julia Roberts, Kirsten Dunst, Julia Stiles, Dominic West, Marcia Gay Harden.
El ensayista y poeta mexicano Octavio Paz escribió alguna vez que la "modernidad" era una permanente "tradición de la ruptura", expresando de ese modo el carácter contradictorio que encierra ese famoso, polémico y aún indefinido término.
Esta es, quizás, una de las ideas fundamentales que recorre la película La sonrisa de Monalisa, dirigida por el inglés Mike Newell: realizador de otros exitosos filmes como Donnie Brasco (1997), Cuatro bodas y un funeral (1994), Bailar con un extraño (1985), El prisionero de la máscara de hierro (1979), entre otras.
En Monalisa smile, Newell y sus guionistas apelan a un argumento que ha sido trabajado en muchísimas ocasiones, casi hasta la saciedad: el profesor (o profesora en este caso) que llega a una escuela de clase media-alta y que debe lidiar con el conservadurismo del medio, incluyendo desde los programas, las directoras, hasta la familia o las alumnas mismas.
La "misión" de esa nueva profesora es, entonces, luchar contra ese sistema de cosas, haciendo entender a sus alumnas -con carisma, naturalidad e ingenio- la necesidad de pensar y actuar rompiendo esos moldes, según sus propios intereses y deseos.
Sin embargo, La sonrisa de Monalisa, tanto por los personajes que pone en escena, la temática que aborda, como por el modo en que lo hace, es una especie de remedo, de versión en femenino de El club de los poetas muertos. Tanto que algunos chistosos le han puesto El club de las amas de casa muertas.
Así, aunque esta película apuesta en su argumento contra las "convenciones y tradiciones", parte una historia y un tratamiento de los personajes contradictoriamente manido, "tradicional".
Ahora bien, a pesar de esos sospechosos parecidos y lugares comunes dramatúrgicos y argumentales, este filme apela a dos referencias que resultan interesantes: por una parte, a la historia del arte, y por otro, a la particular época en que se desarrolla su trama.
En ese sentido, cuando la subversiva profesora que interpreta Julia Roberts, intenta convencer a sus alumnas de que piensen "por sí mismas", y las incita a que rompan con los "roles de género" (esposa, ama de casa) que les asigna la mojigata sociedad de los EE.UU. en esos años 50, lo hace apelando a la famosa "tradición de la ruptura" que refería Octavio Paz, y que caracterizó al arte moderno: desde Van Gogh, pasando por Picasso, hasta Jackson Pollock.
No obstante, la enigmática y bella sonrisa de la Monalisa (la de Julia Roberts por supuesto), que algunos investigadores han sugerido como la imagen travestida del propio Leonardo Da Vinci, es la que nos queda como testimonio de que "tradición" y "ruptura" casi siempre coexisten, y hasta se confunden a veces.