Tabú (Gohatto)
Japón, 1999, 100 minutos
Dirección: Nagisa Oshima
Guion: Nagisa Oshima (basado en dos novelas cortas de Ryotaro Shiba).
Fotografía: Toyomichi Kurita.Edición: Tomoyo Oshima.
Música: Ryuichi Sakamoto.
Intérpretes: Beat Takeshi, Ryuhei Matsuda, Shinji Takeda, Tadanobu Asano, Koji Matoba.
El reconocido cineasta japonés Nagisa Oshima, en su extensa cinematografía ha oscilado entre la reflexión crítica acerca del contradictorio devenir histórico o actual del Japón; y por otro lado, ha explorado diferentes ámbitos poco habituales y hasta escandalosos de la sexualidad.
Así, desde sus inicios con Ciudad de amor y esperanza (1959) y La presa (1961), pasando por El diario de un ladrón (1968) y La ceremonia (1971), hasta sus más reconocidas El imperio de los sentidos (1976), ¡Feliz Navidad, Mister Lawrence! (1983) o Max, mi amor (1986), este cineasta ha demostrado ser un realizador radical y polémico.
Después de una apoplejía que lo mantuvo por más de diez años sin filmar, Oshima volvió al cine con Tabú, que de cierta manera conjuga dos de sus obsesiones mayores: el devenir de las tradiciones del Japón y determinados comportamientos no admitidos o contradictorios de las relaciones sexuales.
Basado en las novelas cortas Con un mechón de cabello sobre su frente y La rebelión de la montaña, del famoso escritor japonés Ryotaro Shiba, Tabú sitúa su trama a mediados del siglo XIX (exactamente en 1965), durante la época de la llamada Restauración Meiji, después de la apertura del Japón tradicional al comercio y la influencia de Occidente, sobre todo de los EE.UU.
Así, este filme nos acerca al templo Nishi-Honganji, donde se eligen a los nuevos candidatos para samuráis. Allí, los aspirantes deben enfrentar a Soji Okita, el mejor guerrero de la milicia. Este, junto a los jefes del templo, después dela difícil prueba de combate, solo eligen a Hyozo Tashiro y Sozaburo Kano.
Estos dos hombres inmediatamente comienzan a sentir una atracción que los lleva a ser amantes, aunque luego el joven y ambiguo Sozaburo empieza a tener relaciones con otros integrantes de la milicia, lo que provoca una gran confusión y relajamiento general de las costumbres en el templo guerrero.
En ese sentido, es llamativo que el tratamiento dramatúrgico del filme no condena tanto la homosexualidad (como sí lo hace la tradición cristiana), sino que más bien enfatiza en los dilemas que este desborde de pasiones homosexuales trae consigo para las rígidas normas y costumbres de la tradición samurai.
Por otra parte, Tabú explota un pausado aunque dinámico tiempo narrativo, una excelente ambientación, una efectiva banda sonora y una sugerente edición que incorpora “arcaicos” elementos visuales como textos intercalados entre escenas, así como una sutil y poética fotografía de Toyomichi Kurita (quien ha trabajado anteriormente con reconocidos cineasta como Robert Altman), que le confieren a esta película una solidez visual y argumental que no estamos acostumbrados a ver con frecuencia en el cine que habitualmente consumimos.