Yo, tú, ellos ( Eu, Tu, Eles ). Dirección: Andrucha Waddington. Guión: Elena Soarez. Fotografía: Breno Silveira. Música: Gilberto Gil. Con Regina Case, Lima Duarte, Stenio Garcia, Luís Carlos Vasconcelos, Nilda Spencer.
Brasileña, 2000. Estreno.
Tres urgencias retan a cualquier humano (pobre, rico, ignorante o sabio): casa, alimento, afecto. Pero, mientras la sociedad desarrollada torna invisible dicha verdad, las comunidades arcaicas la ponen a la vista.
Yo, tú, ellos filma un cuadro vivo de los siervos de la tierra, allá en el noreste de Brasil, y la película termina siendo una prueba del ingenio subdesarrollado cuando de sobrevivir se trata.
Darlene, Osías, Zezinho y Ciro hallan una solución práctica a sus necesidades: compartir techo, mesa, lecho o si ustedes prefieren, choza, frijol, hamaca. Un acuerdo cuadrilátero en lo sexual que incluye, además, la crianza de un terceto de niños (uno de cada varón).
Darlene (una dúctil y perceptiva Regina Case) lidera el grupo. Existe, en ella, algo de la vieja astucia de mujer cazadora que no resigna la presa y un genuino instinto erótico que nunca se disculpa.
Lejos de la realidad global apenas el radio de Osías y unas cuantas bolsas plásticas nos informan de otro mundo, la cinta imita a ratos la forma de un documento. La identificación de criatura y paisaje; la dura jornada laboral (once horas de recolección de maíz); la comida escasa definen el marco antropológico de un feudalismo anacrónico y viciado de injusticia.
Pero no hay quejas. La inocencia, el trato directo de la vida, los breves retozos de los personajes despiden cierto aire feliz, raro, propio de un atavismo de signo positivo capaz de lidiar con las nubes de polvo, la sequía, el hambre, el curso rutinario de los días.
El filme, así, mezcla drama y comedia; y subordina foto, música y actuaciones a la eficacia narrativa.
He aquí un cine brasileño dispuesto a imprimir el mapa recóndito de un país enorme, sorpresivo, paradójico (según el formato de Estación Central ) y a driblar el exotismo, la samba, el júbilo carioca y el jogo bonito, todo en aras de una obra auténtica, digna de nuestra mejor mirada y pensamiento.
: una prueba del ingenio subdesarrollado cuando de sobrevivir se trata.