El hada ignorante (Le fate ignoranti) Italia, Francia, 2001. Dirección y guion: Ferzan Ozpetek. Montaje: Patrizio Marone. Fotografía: Pasquale Mari. Música: Andrea Guerra. Elenco: Margherita Buy, Stefano Accorsi, Serra Yilmaz. Duración: 106 minutos.
Antonia, doctora especialista en el sida, pierde a su esposo en un acidente de tránsito. La viudez repentina la mete en un cuadro depresivo y solo tiene a su madre: mujer demasiado chismosa para la mirada amarga y solitaria de Antonia.
Este es el comienzo de un filme con muchas interrogantes, que nos llega con el título de El hada ignorante. Aquí, el director Ferzan Ozpetek se atreve con una historia que, en manos de cualquiera, sería culebrón lacrimógeno. Pero no, este realizador nacido en Estambul, italiano por adopción, tiene algo más que decir.
Así, en medio de su sufrimiento, Antonia descubre una pintura que le fue regalada a su esposo en vida. Se denomina El hada ignorante. Atrás del cuadro encuentra una rotunda declaración de amor. Antonia la siente como un oleaje que la derrumba.
La dedicatoria se la ofrece a Massimo -así se llamaba el esposo- alguien que tenía siete años de amarse con él, con paciencia, siempre a la sombra. Mujer herida, el objetivo de Antonia es hallar a esa amante.
Cuando averigua que esa persona vive en un barrio proletario, muy distinto al de su condición de mujer burguesa, habrá resuelto muy poco. Lo que la estruja es rastrear que su esposo tenía un hombre como amante: Michelle, quien vive con una cuadrilla de sujetos marginales.
Es una especie de caserón transgresor. Con Michelle vive un hombre que muere de sida por amor a otro, un travestido atemorizado por la intolerancia social, una inmigrante acosada por la xenofobia, una cuarentona sin pareja estable y homosexuales que se aman en su intimidad.
El mundo de Antonia choca ahí como un músculo tenso: en ese caserón nadie hace distinciones de edad, de raza, de clase social o de vivencia del sexo. La hermandad es absoluta, llena de calidez y de optimismo, pese al acoso intolerante de una sociedad que los condena desde los prejuicios culturales y religiosos.
En este momento, la película se convierte en un texto sobre la convivencia y la tolerancia, sobre el derecho de vivir la sexualidad como le plazca a cada quien, sobre el entender a los demás sin resentimientos. Es cuando el filme da un sorpresivo punto de giro.
Son ideas que ya el director Ozpetek ha planteado en filmes suyos como El baño turco (1997) y El último harén (1999). De alguna manera, El hada ignorante es filme valiente y con amor por sus personajes. Se asemeja a la trama de la cinta española Segunda piel (2000, de Gerardo Vera).
El hada ignorante cuenta con una dirección simple que, por momentos, no profundiza en sus propuestas, pero es capaz de dar sentimientos que saltan de la pantalla a la butaca. Para lograrlo, las actuaciones son estupendas, sobre todo la de la actriz Margherita Buy (como Antonia).
Estamos ante una película humanizante, valiosa para entender mundos con sujetos diferentes, pero siempre humanos, siempre. La recomendamos.