Alguien tiene queceder (Something´s Gotta Give) EE.UU, 2003, 128 minutos Guión y Dirección: Nancy Meyers. Fotografía: Michael Ballhaus. Música: Hans Zimmer Edición: Joe Hutshing Intérpretes: Jack Nicholson, Diane Keaton, Keanu Reeves,Frances McDormand, Amanda Peet.
Una gran cantidad de las actuales "comedias románticas", suele tener un tono excesivamente dulzón, almibarado, que sin embargo atrae una gran cantidad de público -y de dinero- como moscas al queque.
Este es, ni más ni menos, el caso de Alguien tiene que ceder: una relamida película de Nancy Meyer, quien antes ya había probado sus habilidades artesanales en el cine para hacer sonreír y llorar a la vez, de manera ligera, pero siempre con pretensiones de "profundidad".
En Alguien tiene que ceder, Meyer nos cuenta el encuentro -en la cocina de una casa y en paños menores- de un viejo, gracioso, pero a la vez seductor y empedernido solterón, que es amante ocasional de Marin, la joven hija de Erica, una escritora teatral que al parecer no está muy conforme con su vida emotiva.
Accidentalmente, el atractivo Harry sufre un pequeño, pero aparatoso, infarto cuando romancea con la hija de Erica, razón por la cual "tiene" que quedarse en su casa, para que esta lo cuide unos días.
Como es de suponer, al principio todo son conflictos y problemas, como si no se toleraran. No obstante, poco a poco se van acercando y seduciendo, hasta llegar a un fogoso romance, que Harry al parecer no está muy dispuesto a seguir hasta sus últimas consecuencias (la convivencia), pero que Erica se toma muy en serio, pues se enamora "perdidamente" del viejo seductor.
A todo esto hay que añadir que el joven y atractivo doctor que atiende a Harry, se enamora a su vez de Erica, lo cual complica aun más las cosas; y de paso, introduce otro de los muchísimos lugares comunes que pululan en esta melosa trama.
Otro detalle lateral pero significativo del filme, es que casi todos sus personajes son VIP: ella dramaturga famosa, célebre (con 8.000 sitios en Internet); él empresario discográfico exitoso y Don Juan de jovencitas menores de 30 años. O sea, aquí no hay problemas económicos, sino "emocionales".
Con algunos momentos ciertamente hilarantes, pero en otras ocasiones muy pesados, por la excesiva búsqueda del chiste a toda costa, Alguien tiene que ceder recurre a todos los cliches de la "comedia romántica" al estilo hollywoodense.
De esta imposición se salva -a veces- Jack Nicholson, quien demuestra sus habilidades dentro de la comedia, con un desenfadado histrionismo que parodia sus habituales poses de tipo iracundo. No se puede decir lo mismo, sin embargo, de Diane Keaton, quien se esfuerza constantemente para hacer "profundo" y a la vez gracioso a su encartonado personaje, pero que no llega ni de lejos -por cierto- a esos frescos y desenfadados papeles que le ofreció su esposo Woody Allen, allá por los lejanos años setentas.
Así, con ciertos toques de "feminismo" y de emotividad barata, los personajes de este filme no resultan más que meras caricaturas que parlotean, entre chistosos y serios, lo que la guionista y directora pone en boca de ellos. Y se supone que, lo único que nos queda a nosotros, emocionados espectadores, es reír y llorar. Aunque cada cosa en su momento.