
De verdad, uno se queda sin entender esta costumbre comercial de los refritos en el cine de Hollywood, de volver a rodar películas que fueron éxitos años atrás, para hacerlas con menor calidad. Por supuesto que es una operación comercial, pero ni así resultan exitosos los tales refritos esos, como es el caso de Poseidón (2006), filme dirigido por el alemán Wolfgang Petersen, radicado en Estados Unidos.
Esta vez, prácticamente se hace una copia al carbón bastante borrosa del recordado filme La aventura del Poseidón (1972), dirigido por Ronald Reame, con muy buen reparto histriónico entonces. Por supuesto que el largometraje de ahora supera al original en capacidad tecnológica, en trucaje o efectos especiales: no podía ser de otra manera si hablamos de aspectos técnicos.
Sin embargo, y aquí lo medular del comentario, este refrito que ahora se exhibe en el país tiene menos fuerza dramática que el cabello de un elote o que el mordisco de un cocodrilo sin dientes. El discurrir narrativo de esta nueva versión está ausente de puntos de giro, de momentos de tensión, de "funciones nudo" para levantar el ánimo de la narración. El relato es más plano que sonrisa de modelo acartonada.
Ya ustedes conocen la historia: un crucero se vuelca totalmente por culpa de una ola gigantesca en el Atlántico. El barco queda como gato panza arriba, por lo que los personajes sobrevivientes, unos pocos, deben buscar la superficie del mar y atravesar el fondo o la barriga del buque. Lo cierto es que el crucero, en tanto, se hunde más que la Selección costarricense en el Mundial de Futbol.
Eso es todo. Pura acción. Allí no hay estudio de personajes ni de sus conductas, ni siquiera hay un romance como en aquel otro crucero, ¿se acuerdan?, ¡el Titanic! De proa a popa, no hay razón alguna para identificarnos con los personajes, con ninguno de ellos. Con el perdón de nuestras coloquiales pulperías, solo hay dramatismo pulpero en medio de la citada catástrofe natural.
Lo cierto es la película naufraga poco a poco. Por dicha su metraje es corto, lo que la salva del hundimiento total y de una peor calificación, aunque hay que rescatarle el tacto bien logrado en la sala de montaje, la oportunidad de la banda sonora y su difícil fotografía.
A este tipo de películas lo llaman "cine de desastres" y fue éxito en los años 70. Ahora busca pantallas de nuevo, pero tiene que hacerlo con más calidad narrativa, con mayor intensidad dramática y con mejores actuaciones (las de este Poseidón pasan sin ser sentidas: ni fu ni fa). Pese al ahogo, podemos recomendarles esta cinta como pasajero y olvidable entretenimiento.