Hay películas capaces de embutir sentimientos de culpa en algunos espectadores con el asunto de la infidelidad matrimonial. Muchos recordarán los propósitos y efectos de una cinta como Atracción fatal (1987, de Adrian Lyne), al mostrar las angustias en que se mete el personaje encarnado por Michael Douglas, solo por darse una ocasión con otra piel femenina.
Con parecida moralina nos llega ahora el largometraje titulado Descarrilados (2005), dirigido por el sueco Mikael Håfström, filme que esboza alguna moral acusadora ante el tema de la infidelidad, como si quisiera satanizar las relaciones amorosas fuera del matrimonio. Sin embargo, esto es lo bueno, ese posible discurso no afecta la sensación de suspenso y tensión que se desprende de la trama.
Así, la relación extramarital habida en esta película permite estructurar un relato asaz intenso, cuando la vida del esposo entra en un remolino inmanejable de crímenes y chantajes. Es una vorágine que, para él, está marcada por el silencio, porque no puede confesarles nada a su esposa ni a la policía.
Aquí queremos mencionar las buenas actuaciones de Clive Owen y de Jennifer Aniston, quienes logran convencernos de alguna bondad subyacente en los actos de cada cual. Destacamos a la joven actriz Jennifer Aniston, quien rompe con creatividad y fuerza los esquemas que la acomodan casi siempre dentro de la comedia sentimental, sea en cine o en televisión.
Cierto que la película tiene su porcentaje de previsible y uno, como espectador, logra adivina por dónde vienen los tiros y hacia dónde van, pero aún así esta cinta mantiene su firmeza y temperamento en todo el espacio de la acción ( thriller ), por lo que lleva a buen puerto el conflicto planteado. La música de Edward Shearmur y la fotografía de Peter Biziou ayudan, de manera muy complementaria, a sostener tal atmósfera en el filme.
Para quienes no crean que el ritmo es importante en cualquier puesta en escena (cine o teatro), esta película logra sostenerse precisamente por su pluralidad rítmica, o sea, por el buen manejo de los tiempos narrativos y de los momentos del relato: de ahí sus distintas emociones, por lo que la película se mantiene pese a innegables debilidades en su coherencia interna y en el diseño de los personajes. Este es un mérito de la hábil conducción del director sueco.
Lo que no conviene con esta película es ponernos mojigatos con el tema; disfrutémosla por lo que mejor ofrece: su afinada acción, con un personaje que camina siempre al filo de la navaja desde que lo asaltan y chantajean por su ilícito en un hotel de mala muerte.