
He aquí una película que revisita un tema bastante conocido: el de la niñera que logra cambiar a la güilada traviesa de una familia. De paso, ella trae el amor y, al igual que otras, dicha institutriz tiene poderes mágicos. Se trata del filme inglés NannyMcPhee: la nana mágica (2005), dirigido por Kirk Jones.
Por supuesto, estamos ante una copia con menos vuelos que el de esa bella y excelente película que es Mary Poppins (1964), dirigida por Robert Stevenson. A la par de esta, NannyMcPhee: la nana mágica es solo una peliculita con algunas buenas intenciones, algo oscura (adrede) y con un porcentaje de ingenio.
La niñera (Nanny) está encarnada por la actriz Emma Thompson, con magia en su rústico bastón, quien un día llega a la casa del viudo señor Brown (Colin Firth). Nanny es de aspecto feo y grotesco, pero conforme los hijos malcriados del señor Brown la van amando, ella muda su físico hacia un rostro bello. Por supuesto que también aparece por ahí "la tía mala", se llama Adelaida, y es personificada en buena actuación por la actriz Angela Lansbury.
El filme deviene fábula con cinco moralejas a bordo de la magia, son: la importancia de la obediencia a los padres, de la disciplina, del respeto y la honestidad, de los buenos modales y de una sólida crianza de los hijos. El guion, escrito por Emma Thompson, se basa en la novela Nurse Matilda, de Christianna Brand.
El resultado es el de una película que transita como fábula consejera, donde Emma Thompson se luce con su consabido talento actoral, pero el resto del elenco pasa por el relato sin que el relato pase por los histriones, no solo los niños, por ejemplo: Colin Firth actúa sin convicción alguna.
Así, aunque el rostro de la niñera cambia, el filme parece no evolucionar: se queda a medio camino entre contar bien una historia y cierta corrección formal, con alguna habilidad en el diseño de personajes, en la creación de ambientes y en un pulso narrativo que evita el aburrimiento.
Le sentimos a la película que sí reconoce sus limitaciones, por eso no hay en ella amago de trascendencia: cumple su misión y punto, sin ostentaciones de autoría. Cierra su relato con alguna dignidad, sin alardes narrativos, aunque es cine capaz de darnos una sorpresa dentro de lo previsible, sin caer en las brasas del artificio.
Por eso, sin afirmar que estemos ante un filme de calidad valiosa, recomendamos esta cinta para verla en familia. A la larga, luego quieran ir a comer un emparedado.