Por supuesto que –en algún momento– aparece un vivazo de las calles marginales, entre mafias y pobrezas, que se convierte en apoderado del joven bueno para los moquetes y, juntos, comienzan a ver dólares y más dólares en sus bolsillos.
También aparece la muchacha bella, mesera, pobre, soltera, con un hijo, ¡ah!, y latina, de quien se va a enamorar el tipo de los trompazos.
Las peleas se dan entre apuestas, lo que le permite al filme agarrar un tono sociológico muy superficial con su denuncia sobre la corrupción y la explotación humana en las calles estadounidenses.
No está de más decir que el filme Peleador callejero se apega a los estereotipos: las mafias son chinas, latinas, negras y así por el estilo.
Al director Dito Montiel le falta escuela y talento para narrar con imágenes en movimiento. Lo peor de esta película es su narración: siempre frenada, aburrida, encharcada, sin tensión ni buen ritmo. Hasta que dan ganas de pellizcar la pantalla para que algo importante suceda. Las actuaciones se contagian de ese desgano en el relato, sin excepciones.
También el lenguaje cinematográfico (formal) se contagia de esa “gripe” y la desidia aparece por todas partes en el filme. Es tanta que hasta pereza tenemos de escribir esta crítica; por eso, aquí la cerramos.