Letras prohibidas ( Quills ). Dirección: Philip Kaufman. Guión: Doug Wright. Fotografía: Rogier Stoffers. Música: Stephen Warbeck. Con Geoffrey Rush, Kate Winslet, Joaquin Phoenix, Michael Caine, Billie Whitelaw.
USA, 2000. Estreno.
La "sadeología" es una ciencia oculta, ciencia cuyo objetivo es paradójico ya que indaga cómo el libertinaje puede conducir a una extraña forma de santidad atea.
Letras prohibidas es un fragmento de dicho estudio; y su mérito mayor radica en nutrirse de la escritura de Sade (1740-1814), clave de su sicología y de sus acciones.
La película de Philip Kaufman ( La insoportable levedad del ser , Henry y June ) nos muestra a un hombre sediento de escribir, y de escribirlo todo, que recurre a cualquier tipo de superficie hoja, ropa, piedra y a cualquier pluma para inscribir su deseo.
Este deseo escandaliza a los dueños de la virtud, quienes aprisionan al deseante en el asilo de Charenton, lugar donde transcurre la historia, bajo las acusaciones de perversión y atrocidades varias. El Marqués un preciso e irónico Geoffrey Rush refuta los argumentos de sus fiscales (monárquicos, clérigos y aun republicanos): a sus ojos, la sociedad de aquel tiempo había construido un formidable mecanismo de censura destinado a evitar la tentación del sexo, la promesa de felicidad contenida en la experiencia carnal llevada a sus últimos límites.
El punto de fricción del relato adviene cuando el gobierno asigna a Roger-Collard (Michael Caine) la tarea de "curar" a Sade. El médico dispone, entonces, de terapias de choque frente a un mal que desconoce y, sin duda, lo turba. Igual es la turbación del abate que dirige el manicomio (Joaquin Phoenix), enamorado a su vez de Madeleine (una perspicaz y avispada Kate Winslet), lavandera del establecimiento y musa, "secretaria" y contacto de nuestro literato cautivo.
Kaufman mezcla realidad y ficción, mientras genera un clima exultante y oprimido. Desde el verde aguado de los recintos, el vestuario, la música y la fotografía, todo nos habla de un propósito artístico obsesivo, capaz de abordar los pasajes más riesgosos con una extraordinaria ductilidad.
En algún momento, los internos trasmiten el dictado de un cuento de Sade a través de hoyos en las paredes, secuencia que remite a la novela de Ray Bradbury, Farenheit 451 , y que subraya la curiosa fuerza de la letra escrita contra los poderes vigentes.
A pesar de lo dicho, Letras no es una cinta grave. A la vera de su filo cortante, entretiene y divierte; y si es verdad que a ratos peca de lagunas narrativas, el balance general resulta favorable.
Conviene verla, aunque ello exige un cambio de dirección de la mirada. No es con la óptica de un juez, y menos de un juez guiado por la moral y las buenas costumbres del ciudadano promedio, como llegaremos a percibir algo del "enigma Sade". Al contrario, el buen uso que hagamos de la película depende de la actitud de poner entre paréntesis ideas y creencias, ver qué surge de la pantalla y después tamizar lo visto a la simple luz de nuestro ahora y aquí.
¡Suerte!