
Hay un cine al que se le llama “pasatista”. Se trata de películas que son para pasar el tiempo, solo eso. Más exactamente, son filmes para perder el tiempo. Creo que este es el caso de la cinta Papás a la fuerza (2009), dirigida por Walter Becker, cuyo disipado e inútil interés es ver juntos a los actores John Travolta y Robin Williams.
Se trata de un filme con el sello de los estudios Disney. Ya se sabe que Disney gusta de hacer este tipo de comedias moderadas para la época del verano en Estados Unidos. Son comedias con deleite culposo ( guilty pleasure ), o sea, cintas que entretienen (hacen pasar el rato), pero que son malas, y el público asiste sabiéndolo. Nadie engaña a nadie, ni la publicidad.
Lo que admiro de la cofradía Disney es cómo, con el mínimo esfuerzo y muy poca inteligencia, logran atraer espectadores a comedias que son rutinarias, siempre tan parecidas en su estilo y tan conservadoras en su contenido (son la defensa más prolongada del concepto tradicional de familia, por ejemplo). Como se dice: son filmes políticamente correctos, sin trasgresiones de nada.
En su estilo y contenido, cada comedia nueva de Disney parece un refrito de la anterior, y así. Son como aquellas películas de Cantinflas, las dirigidas por Miguel M. Delgado, pero en las de Disney no está el talento ni el arte del gran Cantinflas. Las de la escudería Disney tienen chispazos de humor fácil que se combinan con toques melodramáticos. Es el caso de Papás a la fuerza .
Gracias a esas secuencias de humor disparatado y a los toquecitos sentimentales, uno se aguanta esta película en la sala de cine (creo que solo no la vería completa); Travolta y Williams cumplen esa tarea de hacer caritas según sea el humor y nada más.
Imagino que el mejor momento para estos dos actores ha sido cuando fueron a cobrar el cheque por trabajar en un filme con distintos condimentos, pero sin ningún sabor definido.
Ellos son los papás que deben hacerse cargo de mellizos de siete años mientras la mamá está en la cárcel (por una buena causa, ¡claro!, si es Disney) y deberán sortear más de un escollo en su esfuerzo por cuidar a los gemelos, en un momento poco oportuno para los negocios de ambos.
Lo cierto es que este filme raya lo ridículo en más de una escena, sin coherencia alguna en el guion, que solo pega cuadros cómicos con otros sentimentalones, pero con el menor hilo conductor o semántico. En Disney no hay exigencias artísticas para este filme y, así, la “peli” no se toma en serio como comedia.
Ante eso, no nos compliquemos ustedes ni yo: aunque divertido por ratos, se trata de mal cine.