El tiempo de las buenas comedias parece haberse ido de Hollywood para nunca más volver. Tanto así que el gusto mismo de los espectadores se ha deformado y se “encanta” con filmes pusilánimes como Un par nada ejemplar (2008), dirigido por David Wain. La película fue éxito de público en Estados Unidos y algunos críticos de cine la elogiaron: ¡perdieron el paradigma!
Desde el comienzo mismo vemos la constante del “humor” del filme con su coprolalia, esto es, en su tendencia patológica a proferir obscenidades, prácticamente de boca de todos los personajes. A la par de este filme, la cinta costarricense El cielo rojo (2008), de Miguel Gómez, es un video casero de primera comunión.
Lo peor es que en Un par nada ejemplar , película nada ejemplar tampoco, toda esa verborragia estúpida es un fin en sí mismo, porque el guion no tiene urgente necesidad narrativa de esa coprolalia. Es un gancho absolutamente comercial. El resto de la trama tampoco tiene mayor sentido, porque es algo que uno ha visto de manera distinta en muchas otras comedias tontas.
La trama se reduce a dos tipos que deben escoger entre la cárcel o un trabajo social de 150 horas en un programa didáctico para muchachitos. Escogen lo segundo y luego añoran la cárcel: es peor el remedio que la enfermedad. Las cosas no funcionan, excepto cuando ya no queda nada por hacer. El final resulta un mundo feliz y, tirilín , la comedia ha terminado.
Las actuaciones son meramente funcionales, más interesa que los actores tengan galillo para decir burradas y, así, no expresar ni tus ni mus. No hay ninguna brillantez visual y ni siquiera un pellizco artístico; la narración va a brinco de ternero y se pone peor que gata en parto o payaso sin zapatos.
¿Hay alguna razón para que les recomendemos este filme? Ninguna, excepto que quieran perder el tiempo, pero el tiempo perdido hasta los santos lo lloran. Es un filme “tarambanas” de principio a fin, en todos sus signos cinematográficos.