Tesis. Dirección: Alejandro Amenábar. Guión: Alejandro Amenábar y Mateo Gil. Fotografía: Hans Burman. Música: Alejandro Amenábar y Mariano Marín. Con Ana Torrent, Fele Martínez, Eduardo Noriega, Xabier Elorriaga, Rosa Campillo.
Española, 1996. Estreno.
Existe poca documentación acerca del cine- snuff , un subgénero de la crueldad ligado a la pornofilia. Los actores snuff sufren realmente las vejaciones que vemos en pantalla; las muertes son verdaderas, y las mutilaciones, ciertas. Pobres: ellos ingresaron a este mundo alucinado por la fuerza o el engaño.
Tesis , muy superior a 8MM (1999) de Joel Schumacher que trató después el tema, gira alrededor de dicho espanto. Ángela (Ana Torrent), estudiante de ciencias de la imagen, prepara su tesis sobre la violencia audiovisual. Para obtener datos de primera agua, la joven pide ayuda a Chema (Fele Martínez), un fanático de películas duras y sangrientas (léase heavy y gore ).
Mientras el director de la tesis de Ángela muere de mala muerte "natural", Ángela y Chema identifican, gracias a un video, a una muchacha asesinada delante de la cámara. Huelga decir que ambos empiezan a jugar a los detectives y a cabalgar arriba de fantasmas.
También nosotros, espectadores, cabalgamos encima de pistas que se niegan unas a otras, inestables, momentáneas, acertijos que no pegan y nos hacen cambiar de montura a cada rato.
El suspenso gana así cuotas de oxígeno, a la par del buen caminado (no ritmo) de la acción, el humor relajante de Fele Martínez y una fotografía también ella que sospecha, insinúa, indaga.
¡Y vean ustedes qué interesante! Las escenas de luz pasillos claros, antros perfectamente visibles nos asustan (tenían razón Hitchcock y De Palma), y nada nos inquieta cuando la pantalla se oscurece y el negro es total. Esta última, la pantalla negra, es una marca gráfica del filme, usada para quebrar el clima de la narración.
El chileno Alejandro Amenábar (director, coguionista, coautor de la música), de quien vimos Abre los ojos (1997), posterior a Tesis premios Bruselas, Goya y Gramado, presenta además a un profesor que repite que "debemos dar al público lo que el público quiere".
El profe tiene, en su despacho, una foto suya, pose a lo James Bond, y varias réplicas del Oscar. ¡Lindo guiño! El movie- snuff no deja de ser un desarrollo límite de tamaña forma de concebir el cine, un modo de afirmar que, si la gente desea presenciar muertes reales, habrá que dárselas.
¡Vaya raciocinio! El razonador aquí merece, de rebote, un chorro de palabrotas, un huevo en la solapa, un tomate de sombrero..., y coloco a su disposición unos centímetros de papel, caso de que usted decida agregar algo.