La pasión de CristoEE.UU, Italia, 2004 Dirección: Mel Gibson. Guión: Mel Gibson y Benedict Fitzgerald. Producción: Mel Gibson, Bruce Davey y Stephen McEveety. Música: Lisa Gerrard y Rachel Portman. Fotografía: Caleb Deschanel. Interpretación: James Caviezel, Maia Morgenstern, Monica Bellucci, Mattia Sbragia, Hristo Naumov Shopov.
En algún momento de la muy polémica cinta La pasión de Cristo, el personaje que interpreta a Poncio Pilatos se pregunta: ¿qué es la verdad?
Esta es, quizás, una de las claves esenciales para entender el carácter "construido", de realidad y verdad relativas de esta recreación cinematográfica de las últimas doce horas en la vida de Jesús de Nazaret.
Concebida por el actor y realizador de origen australiano Mel Gibson, quien en anteriores filmes ya había demostrado su particular apego por la violencia (de Arma Letal como actor, a Corazón valiente como director), esta última película de Gibson pareciera un compendio de todas esas "pasiones" suyas: violentas y religiosas a la vez.
La pasión de Cristo relata el calvario de Jesús antes y durante de su crucifixión; evidenciando, por lo demás, un grupo de acontecimientos y personajes que estuvieron involucrados, permitieron, fueron protagonistas o se opusieron a esa crucifixión.
En ese sentido, esta película ha causado una gran polémica, al reiterar con un énfasis verdaderamente obsesivo, y de una manera bastante simplista y grotesca, no sólo las responsabilidades, sino incluso la maldad, la desidia y la crueldad extremas con que, tanto romanos como judíos martirizaron a Jesús.
Aparentemente basada con gran fidelidad en los Evangelios, hablada en latín y arameo, y con una ambientación histórica que intenta reconstruir la singular época que dio inicio a la era cristiana, el carácter construido de estos acontecimientos es, sin embargo, innegable: tanto por los eventos extraordinarios que narra, como por el enfermizo detalle con que Gibson se regodea en recrear cada instante de un martirio en el que, evidentemente, no existen ni existirán nunca datos tan absolutos en detalles como los que plantea este director.
No obstante, si este atrevido realizador y actor intentó reproducir con tanta exaltación y patetismo el calvario y la muerte de Jesús, lo verdaderamente sospechoso es que esa pretensión se realizara a partir de una tan violenta y morbosa propuesta visual, argumental y escénica, cuyos objetivos supuestamente son "el rescate de la fe".
Y, más sospechoso aun, es que esa cinta fuera catapultada al mercado con una superestudiada e imponente campaña publicitaria, que le ha reportado millonarias de ganancias al filme (y a Gibson por supuesto); algo que -pienso yo- se contrapone radicalmente a las enseñanzas de Jesús, quien por cierto expulsó a los mercaderes del templo y siempre condenó ese odio y violencia extremas, aun cuando estos se ampararan en el sublime pretexto de exaltar una fe y una creencia trascendentes.