Matrix: recargada ( Matrix Reloaded ). EE.UU, 2003, 150 minutos. Guión y dirección: Larry y Andy Wachowski. Fotografía: Bill Pope. Edición: Zach Staenberg. Música: Don Davis. Efectos visuales: John Gaeta. Intérpretes: Keanu Reeves, Laurence Fishburne, Carrie-Anne Moss, Jada Pinkett-Smith.
Después de 2001. Una odisea del espacio (1968) y Blade Runner (1980), Matrix (2000) fue uno de esos filmes de "ciencia ficción" que cambió el panorama de este género cinematográfico. Pero además, al igual que aquellas dos películas, lanzó inquietantes preguntas acerca de nuestro mundo pasado, presente y futuro conjugando importantes referencias filosóficas, religiosas, tecnológicas y humanas en las interrogantes.
Como una continuación de aquella "matriz inicial", nos llega ahora Matrix: recargada, una saga que intenta retomar la senda de aquel trascendente filme.
En esta ocasión, la trama de Matrix: recargada se centra en el inminente peligro que se cierne sobre Zion, el único refugio de tierra que queda para la vida humana, seriamente amenazado por la llegada de las máquinas, que pretenden destruir este último reducto de vida.
Así, ante esta fatal perspectiva, la única esperanza que les queda a los habitantes de Zion es la presencia "salvadora" de Neo (el Elegido), quien junto a Trinity y Morfeo vuelven a ser los protagonistas de esta saga.
Ahora bien, en la primera parte de la serie, en torno a Neo, Trinity y Morfeo entre otros- se desplegaba un importante argumento que, sin perder la espectacularidad de los efectos espaciales, el entretenimiento y la acción constantes, realizaba interesantes indagaciones acerca de múltiples temas de innegable actualidad.
De tal modo, las posmodernas reflexiones acerca de los hipotéticos vínculos entre lo "real" y lo "virtual", así como sus posibles implicaciones religiosas, filosóficas, metafísicas (platonismo, budismo, cristianismo, etc.), en esta ocasión quedan totalmente diluidas en el maremagnum de una acción trepidante que, sin embargo, poco aporta al desarrollo dramatúrgico de la cinta.
En ese sentido, aunque en esta oportunidad los hermanos Wachowski dispusieron de una mayor cantidad de recursos y presupuesto (y quizás precisamente por ello), esta vez se vieron condicionados para realizar un producto que no hiciera mucho énfasis en cuestiones que fueran más allá de la acción y el entretenimiento más ligero.
Así, cuando esta vez los personajes principales de Matrix: recargada intentan dialogar o reflexionar sobre cuestiones más trascendentales, que rebasen la mera espectacularidad de los efectos visuales, ahora presenciamos casi siempre parlamentos forzados, falsamente pretenciosos y escasamente insertados en la trama que se nos cuenta.
De ese modo, las complejas implicaciones que pudieran tener esas inminentes amenazas de las máquinas sobre los humanos, apenas se profundizan; quedando solo una acción pura y dura, sin dudas espectacular, pero demasiado similar a la que encontramos en cualquier filme de "ciencia ficción".
Entonces, ojalá que en la ya anunciada tercera parte de Matrix: revoluciones , los hermanos Wachowski retomen el camino inicial de su saga, y recarguen la matriz de su filme con algo más sustancial que el vacuo "entretenimiento" de pura adrenalina y cero cerebro.