Hollywood tiene una astucia enorme para repetirse y repetirse con sus películas, dale que dale, y lograr que algunas de ellas sean atractivas, interesantes y de algún valor, como sucede ahora con Persiguiendo un sueño (2005), dirigido por el debutante John Gatins, quien también escribió el guion.
Esta es otra historia de amistad entre un equino y un ser humano; más exactamente: entre un animal de carreras y su entrenador; todavía más exactamente: entre una yegua hípica, lista para ser “dormida”, y una niña, la hija del entrenador. Por ahí va el relato, con final feliz, donde todos encuentran una nueva oportunidad, hasta la yegua, llamada Soñadora.
Con muy buenas actuaciones, donde la niña Dakota Fanning vuelve a dar pruebas de su gran talento histriónico, tenemos una película melodramática, que busca ser eficaz en la parte más sentimental de los sentimientos, y lo logra de manera limpia, sin trampas, con buen manejo de este género totalmente emotivo.
En la cinta hay sinceridad para narrar una historia basada en hechos reales, de ahí la emoción tan grata que generan sus secuencias y sus imágenes.
No tiene mucha audacia formal. Nada que ver, por ejemplo, con otro filme de carreras de caballos como lo es Seabiscuit (2003, de Gary Ross). No tiene la misma tensión y, de alguna manera, este estreno que hoy comentamos más bien peca por candidez.
Persiguiendo un sueño es una película familiar, no hay duda, seguramente por ello resulta hasta predecible; sin embargo, en su desarrollo hay tal mansedumbre fílmica que resulta un respiro entre tanto cine violento y entre tanta estupidez que llega de Hollywood.
Como el tango de Carlos Gardel, esta película le gana a otras “por una cabeza”, término propio de las carreras de caballos.
En la finura visual de la película, por supuesto, la fotografía es el elemento que va siempre de atrás hacia delante, ganando la carrera en aquello que se quiere captar como atmósfera de los acontecimientos: la Naturaleza.
Es toque poético que también le hace perder fuerza a la trama (brío), aunque gane en calidez.
La actriz. No sabemos cuál será el futuro de la actriz Dakota Fanning. ¿Tendremos otra Jodie Foster u otra Elizabeth Taylor?
Es pronto para dar respuestas. Lo cierto es que esta niña, ahora con 12 años, es capaz de robarse la atención en cualquier largometraje que participe. Todo viene de esa naturalidad suya para actuar, esto es: para sonreír, para sollozar, para encariñar, para sorprenderse y para sorprendernos.
Con ella, tenemos agradable parábola en esta cinta, cuya moraleja habla de la armonía natural entre el hombre y los animales, y también entre los seres humanos. Esto resulta esperanzador, energía que es bueno absorber de este filme en las salas de cine.