
Vamos con dos estrenos: uno es comedia y el otro es terror "gore" (sanguinolento). La comedia es secuela de la serie Scary Movie, con el subtítulo Descuartizados de miedo (2006). El terror es refrito de una cinta de Wes Craven, rodada en 1977, ahora con el título Despertar del Diablo (2006).Ya sabemos qué es Scary Movie, porque cada filme de la saga es como verse una y otra vez en el mismo espejo. Eso sí, la número cuatro está mejorcita (casi nos avergüenza aceptarlo).
Con Scary Movie 4, hay que manejar el contexto y conocer de aquellos filmes que aquí son parodiados o de lo que es motivo de escarnio, como la extrovertida actitud del actor Tom Cruise con su reciente enamoramiento o la reiterada hipocresía del presidente de Estados Unidos, George Bush, personaje visto por el filme con sátira, pulla o mofa bien merecidas (en mi opinión).
Esta cuarta versión tiene un humor menos zafado, pero graciosamente tonto al fusilar secuencias de otras películas. Así, de nuevo estamos ante un pastiche muy loco, por lo que resulta irrelevante hablar de la trama, aunque esta vez los guionistas sí intentan pegar un argumento.
Está claro que este tipo de filme no da para extraer lecciones de cine ni para hacer análisis de contenido: aquí cada quien se ríe de lo que más le gusta, y punto.
Lo cierto es que, aún como crítico, disfruté más de este largometraje que de los tres anteriores, aunque el filme es de pronto olvido. Hay algo que sí le agradecemos a la película: ¡es corta!
Al diablo con él Por su parte, Despertar del Diablo, es película detestable, depravada, repugnante, vulgar y marrana (que nos disculpen los marranos). Tiene una denuncia interesante: las pruebas nucleares que Estados Unidos realizó no hace mucho en desiertos cercanos a México, con efectos radioactivos aún mantenidos en secreto, pero hasta ahí, que luego el asunto político del filme se agota como flor de un día.
Es cuando la trama pasa a ser mostración gustosa de la violencia, manifestada con deleite enfermizo. Es extraño que, para esto, llevaran al director francés Alexandre Aja, cuando Estados Unidos se ha convertido en el mejor productor de violencia, exportable a otros países, y en ello invocan dioses o demonios, como sucede en el título de este largometraje.
Lo cierto es que el argumento nos muestra a una familia disfuncional atascada en el desierto, cuyos sobrevivientes se unen luego de una experiencia muy violenta. Así, el filme es tópico y formulario, o sea, la misma mona, pero con el mismo rabo. Es cine visto por enésima vez en el diluvio hollywoodiano del género del terror. Al diablo con él y con este cine.