Hagamos un trato: rodemos una película. ¿Qué les parece? Tomamos a un tipo y lo convertimos en un escritor de fenómenos paranormales que no cree en fantasmas ni demonios. Le decimos que no se meta al cuarto de un hotel: la 1408 (si sumamos los números da 13).
Como le decimos que no, el escritor va a alquilar esa habitación, aunque sepa que está endemoniada. Una vez adentro, llenamos el metraje de efectos especiales para tener ocurrencias sobre lo sobrenatural que le puede pasar a él.
Lo malo es que esa película está hecha y se titula 1408 (2007). La dirige Mikael Håfström y se basa en un relato corto del escritor Stephen King. Como ven, el filme es de acontecimientos sobrenaturales que vive un tipo para demostrar que sí hay más allá
¿Es eso una trama? ¿Hay ahí una definición de personajes? Aquí, al actor John Cusack le basta poner cara asustada. No hay planteamiento de situaciones ni puntos de giro creativos, pero sí la más absoluta estulticia en los parlamentos. Con tanto efecto visual para producir sustos, la película termina por perder su rostro y el personaje, su posible identidad.
Es un puro alboroto y, extrañamente, la crítica de Estados Unidos la elogió al decir que es un filme “inquietante”, “surrealista” y “atractivo”. Es que en Hollywood, el género del terror se ha degradado tanto que un filme así hace que hasta alguna crítica se traicione en sus conceptos sobre el género y se entrampe: del ahogado, el sombrero.