
Buen divertimento nos llega con la película Lo que el agua se llevó (2006), dirigida por David Browers y Sam Fell. Es una coproducción anglo-hollywoodiana, por dicha más inglesa que hollywoodense. He ahí la clave de su humor inteligente.
Lo que el agua se llevó llega cuando vivimos una tempestad nefasta de cintas animadas por computadora, todas de mediocres para abajo: cintas hervidas en aguas correntonas. Sin embargo, agua fina, saca la espina. Es lo que hace ahora este filme para beberlo según el refrán: “el agua a chorros y el vino a sorbos”.
La responsabilidad básica de este largometraje le corresponde a los estudios Aardman Animations, ingleses, quienes se han especializado en películas animadas con la técnica llamada stop-motion : imagen por imagen, cuadro por cuadro, figura por figura, plano a plano.
A esos estudios les debemos dos gratas cintas hechas a pura plasticina, como lo son Pollitos en fuga (2000) y Wallace & Gromit (2005). Cada muñeco se hace más o menos igual, con un armazón metálico que le sirve de esqueleto. A continuación se moldea con una mezcla de plasticina, llamada cariñosamente Aard-mix .
A manera de glosa, hemos de decirles que la palabra plasticina, usada en nuestro país, no aparecía en el Diccionario de la Academia, sino hasta ahora que se registra en el nuevo Diccionario panhispánico de dudas (2005), también académico. Es equivalente de la palabra plastilina.
Sigamos. Lo que el agua se llevó es una película realizada por computadora, pero su arte reproduce con gusto y jocosidad el estilo de los filmes con plasticina. Para esto, narra la historia londinense de un ratón inglés, Rody, a quien le jalan la cadena del inodoro y ¡al mejor nadador se lo lleva la corriente!
De esa manera, Rody llega al Londres de las alcantarillas, que lo sorprende a él y a nosotros. Es un mágico mundo subterráneo, donde una ratoncita valiente encabeza una desigual lucha contra un sapo enorme, despótico y racista, capaz de lanzar guerras preventivas contra los ratones y demás especies de la comunidad. ¡Y eso que no hay petróleo!
Nuestra heroína se llama Rita. Por supuesto que Rody se enamorará de ella, pero lo mejor es la aventura vehemente, intensa y apasionada que se libra subterráneamente, con romance, con toques de fino humor y donde la ironía es constante para gusto del espectador adulto.
En su estilo de hechura es cine impecable, aunque el ritmo vertiginoso de la acción afecta no solo la fluidez narrativa, sino también el campo visual de la película. La acción se ve felizmente enriquecida por unas divertidas y cantarinas babosas: coristas propias de lo real maravilloso.
Hay secuencias inolvidables: la de los porrazos genitales, la persecución por aguas de alcantarillas, la referencia a Kafka en ciertas metamorfosis y el carácter insobornable de Rita. Es película que debemos recomendar, a grandes y pequeños.