El último samurái(The Last Samurai) Estados Unidos , 2003. Dirección: Edward Zwick. Guion: John Logan, Edward Zwick. Fotografía: John Toll. Montaje: Steven Rosenblum, Victor du Bois. Música: Hans Zimmer. Elenco: Tom Cruise, Ken Watanabe. Duración: 144 minutos.
Encuentro de culturas. Tradición y progreso. Honor y lealtad. Son varios y distintos los puntos de vista que nos permite desarrollar una película como El último samurái , del estadounidense Edward Zwick, si arriesgamos en análisis de contenido.
Es la historia de un hombre a la deriva, Nathan Algren, soldado que carga en su conciencia la destrucción de comunidades indígenas en el Oeste de los Estados Unidos. Es la aniquilación de los pieles rojas en nombre del progreso y de la civilización carapálida, más exactamente: por la voracidad blanca en actitud de rapiña.
Es también la historia de un hombre con honor, visto con sentido heroísta: el samurái Katsumoto, quien vive los dilemas del emperador japonés atrapado por la avaricia blanca que, otra vez, en nombre del progreso, desea acabar con la cultura del Japón tradicional.
Ellos, Algren y Katsumoto, habrán de encontrarse en el último cuarto del siglo XIX, durante la restauración Meiji, con el aliento final de los samuráis, antiquísima y noble estirpe de guerreros al servicio de los daimios (señores feudales).
El encuentro de esos dos sujetos abre pantallas a un filme sobre la amistad, el honor y la justicia que, por momentos, se trasluce intimista como si fuera cinematografía oriental. En otras secuencias, se evidencia como aceptable cine occidental, épico y vehemente en escenas de luchas impactadas de tensión.
Hay un sutil uso del melodrama entre los resquicios de esos estilos, por lo que el director Edward Zwick conforma una historia bien diseñada, con energía, pero con elegancia. En ese tránsito, uno siente cómo se van hilando dos tesituras del cine: el Oeste vaquero y el Oriente samurái, algo ya hecho con películas del japonés Akira Kurosawa (por ejemplo: Los siete samuráis y Yojimbo ).
Es todo un juego de espejos, tanto en el sensible contenido como en su expresión formal, sin rehuir el paisajismo como parte del equilibrio de la naturaleza humana. Por supuesto que la buena actuación de Tom Cruise (como Nathan) y la mejor de Ken Watanabe (como Katsumoto) concentran la densidad dramática del relato.
La película nos enseña que es posible encontrarle un nuevo sentido a la vida, incluso desde otra cultura, como el personaje encarnado por Kevin Costner en su filme Danza con Lobos . Cierto que, en El último samurái , aparecen algunos lugares comunes un tanto predecibles, pero no hacen mella en el resultado total.
El diseño artístico, la expresiva fotografía, la música justa y una espléndida utilización de masas en escenas de combate son elementos que dan honorabilidad a un filme que habla de ese tema. El último samurái es cine para recomendar, aunque no se diga en el Bushido, código de honor samurái.