
Dice el refrán: “No hay hombre sin hambres”. Siempre alguna obsesión tendremos por ahí metida, como el personaje de la película Una navidad muy prendida (2006), dirigida por John Whitesell, con el título original de Deck the Halls .
Ese personaje se llama Buddy, encarnado sin premura, a puro oficio, por Danny de Vito. Pues bien, Buddy está decidido a que su casa se vea desde el espacio en época navideña y, para eso, la llena de luces y más luces. Esa es su vivencia de la Navidad, muy acorde con el modelo que de esta época se tiene ahora.
El problema es que el vecino de Buddy, llamado Steve, fanático de la Navidad, no mira con buenos ojos lo que hace su vecino y se pone a competir con él.
Es un pleito que acumula tensiones y es el único trazo argumental de esta película. A la medida del santo son las cortinas. A tan mal argumento, filme tan mediocre.
Steve está encarnado por Matthew Broderick, de manera superficial y esquemática, siempre igual: su trabajo histriónico es como llover sobre mojado. El resto del elenco ni pincha ni corta, no pasa de llamar al toro desde la barrera.
La verdad es que en la trama de este largometraje solo interesan Steve y Buddy.
Lo que sí nos queda claro es que, para el cine de la gran industria hollywoodiana , la Navidad es consumo, tiendas, bombillos para iluminar, nieve, colachos, trineos, adornos y regalos superficiales, por ahí. El nacimiento de Jesús y su mensaje de paz y justicia para los hombres de buena voluntad es algo muy secundario.
Tenemos que insistir en que estos filmes navideños no solo son hartamente superficiales en su contenido, sino que tampoco tienen ningún arrojo formal. Son largometrajes para ganarse algunos dólares más en este tiempo colochudo y colachudo.
Uno siente que el desarrollo narrativo de esta película va a la deriva, no hay ninguna inventiva visual. Tiene un tratamiento excesivamente sentimental de los sentimientos, casi pornográfico, por ridículo. Es un filme que ni siquiera tiene autocomplacencia y solo recicla ideas ya recicladas.
Una Navidad muy prendida , en calidad cinematográfica, nunca prende nada, parece un fascículo ridículo cuya moraleja es la siguiente: no hay que pelear con el vecino, ¡esto es la Navidad para la película!
Como ven, la penuria imaginativa de este largometraje da pena ajena. El filme se cae por su excesivo convencionalismo y por su blandenguería.
La ubicación de esta cinta está en la zona exacta del subproducto y del aburrimiento: es llenar con nada una caja vacía.