
En un poblado inglés se acerca el Concurso Anual de Verduras Gigantes y ha llegado el momento obsesivo de los pobladores por ganarlo, con ofuscaciones igualmente inglesas. El problema es que los conejos están dispuestos a disfrutar de cuanto vegetal se siembre, sin consideraciones de ningún tipo. Cualquier gobernante de turno diría que nuestros amigos conejunos son peligrosos terroristas.
Solo hay dos maneras de enfrentar a los conejos. Una es la que practican Wallace y su perro Gromit, con el sistema llamado "antipesto", manera humanitaria de controlarlos; la otra es la que pregona Viktor Quatermaine, con un sistema estilo "george-bush", que es el de arrasar con los animalitos mamíferos con crueldad necesaria y con la práctica del conejocidio. Hablamos de la película Wallace y Gromit: La batalla de los vegetales (2005), de Nick Park y Steve Box.
De esta manera se arma una trama muy divertida, bien balanceada en su narración, con fluidez gustosa y llevada a la pantalla grande por un método que tiende a desparecer en el cine de animación, como lo es el de las figuras de plasticina que se llenan de distintas emociones. Incluso, hay que señalar las virtudes habidas en un personaje como Gromit, el perro, tan lleno de significaciones con pequeños movimientos, porque no habla, como sí lo hacen los animales en casi todas las películas animadas.
Este largometraje solo continúa las peripecias que desde hace 20 años vienen viviendo el inventor Wallace, especie de Ciro Peraloca de Disney, y Gromit, su perro inteligente y fiel, como todos los canes, creados por el animador Nick Park y su equipo de artistas.
Los británicos Park y Steve Box tienen ya tres cortos premiados con dichos personajes (1989, 1993 y 1995). Por su parte, Nick Park codirigió un largometraje inolvidable con muñecos en plasticina, como lo fue Pollitos en fuga (2000).
La técnica empleada es llamada "stop-motion", animación con muñecos que se filma cuadro por cuadro. Les aseguramos que, en el caso de la película que hoy comentamos, ustedes se asombrarán de los logros, a la vez que el filme se sostiene con el atractivo de una historia muy bien narrada. ¿Qué otra cosa puede pretender una película, que no sea contarnos bien un relato y emocionarnos con él?
Para reforzar ambos aspectos, este largometraje cuenta con una música hábil y pegajosa de Julian Nott y es evidente el trabajo cuidadoso, paciente y magnífico de David McCormick y Gregory Perler en el montaje (ahora algunos prefieren el anglicismo de "edición").
Solo queremos añadir: los aficionados al cine de terror posiblemente disfruten de esta película más que otros, por sus constantes referencias a ese género y a sus personajes más emblemáticos, como lo dijo el propio director Park: "Se trata de un filme de terror vegetariano". Ustedes se deleitarán con tanto o más que nosotros. La recomendamos sin temor alguno.