
Dos películas en cartelera, hoy, nos marcan la diferencia entre el cine pésimo, hecho con mal gusto e intenciones enfermizas, con respecto al cine que quiere aportar algo positivo a la condición humana. La primera cinta es El juego del miedo VI (2009), dirigida por Kevin Greutert; la segunda es Tu última oportunidad (2008), dirigida por Joel Hopkins, ambas estadounidenses.
De la primera diremos que es una absoluta porquería, sin ningún valor estético ni conceptual, filme gore (sanguinolento y cochino), mostración de la parte enferma de la sociedad contemporánea. La segunda es exactamente todo lo contrario, porque Tu última oportunidad , con su tono lírico, es una historia esperanzadora desde la mejor perspectiva: el caleidoscopio del amor.
Con la seductora y extraordinaria actuación de Dustin Hoffman, en verdadero estado de gracia como histrión, y con la cálida respuesta de la actriz inglesa Emma Thompson, este drama de amor pasa de una morosidad innecesaria (al principio) a mostrar con calidez las volteretas del amor paterno, el filial, el amor perdido y el reencontrado en una nueva pareja.
Diálogos suspicaces. En Tu última oportunidad , el relato visualmente pausado pasa no solo por el buen encadenamiento de los sucesos (montaje), sino también por la interioridad de los personajes. Es esa interioridad la que va hilando acontecimientos y emociones, de aquí la riqueza temática del filme. Es interesante ver el proceso interior de los personajes principales. Igualmente, estos se corporizan en diálogos suspicaces, que logran pasar de un humor amargo (adrede, sobre la vida) a un humor cáustico y luego jocosamente liberador.
Estamos de acuerdo en que el filme pudo ser mejor formalmente, que esa historia tan deliciosamente humana se pudo haber empaquetado con una puesta escénica más creativa y con un mejor cálculo de los tiempos (para usar una frase de los entrenadores de futbol). Por ejemplo, se le pudo haber sacado más jugo al “enfrentamiento” entre el padre biológico y el padrastro durante la boda de la hija.
Tampoco el filme compone los planos de la mejor manera y desperdicia momentos como el encuentro de la pareja sola frente a un piano, cuando ella piensa abandonarlo y él seduce con la música; también la composición visual pudo ser más expresiva en las escenas de abandono anímico, en el asiento de un parque, cuando el desaliento parece hacer de las suyas.
Escondrijo amoroso. Frente a eso, hay que reconocerle al filme (el guion es del propio director) que nunca se deja llevar hacia la pornografía de los sentimientos: lo cursi aquí no se manifiesta y el encanto sobre el cariño adhesivo se transmite bien al espectador, mientras se construye un verosímil fílmico aceptable, se habla de la relevancia de los pequeños gestos y se opina sobre la importancia de los silencios.
La música de Dickon Hinchliffe refuerza bien toda esa importante menudencia del filme, sabe “esconderse” en los momentos más vehementes y se adentra por los escondrijos intimistas del relato sirviéndose de su propia melodía y –a la vez– de la armonía temática.
Si una película como El juego del miedo VI no pasa de ser una vulgar patada al buen gusto y a la cultura, Tu última oportunidad es grato ejercicio para fascinarnos con la idea de que el amor es la mejor terminación nerviosa en el ser humano.