Con las dos películas sobre Ernesto Guevara, muchos críticos han preferido hacer sus comentarios en uno solo (como un solo filme). Aquí hemos decidido hacer las críticas por separado. Hoy nos toca hablar de la segunda parte titulada Che: Guerrilla (2008), del realizador Steven Soderbergh.
No nos arrepentimos de la decisión, porque notamos diferencias entre ambas partes. Podríamos decir que en la primera cinta, Che: El argentino , había un sentido épico propio del ascenso y triunfo de la utopía revolucionaria. En cambio, en Che: Guerrilla , se recrea notablemente la atmósfera del fracaso de una experiencia revolucionaria. Sociológica y políticamente es un filme que da mucho para pensar.
Como bien lo dice el crítico español Alberto Bermejo ( ABC ): “Lo que se ve en la pantalla deja un regusto de tristeza y desolación, como la constatación inapelable de la imposibilidad de la utopía, como la deconstrucción definitiva de los motivos que convirtieron la figura del Che en mito”; ¡exacto!
Hay secuencias inolvidables, angustiosas algunas (el asma del Che en los momentos más difíciles); otras reflejan con maestría la aridez de los hechos, paradoja para los revolucionarios (las imágenes de los pueblos desolados; el abandono de los indígenas, testigos mudos, con sus voces hacia adentro).
En medio de su tratamiento, la película no es mezquina para afirmar que estamos ante un hombre fuera de lo común, solidario, aunque cometiera el posible error de calcar, mecánicamente, un método de lucha de Cuba a Bolivia.
Benicio del Toro está extraordinario y el filme cierra con la voz de Mercedes Sosa y su canto Balderrama , como la primera parte cierra con la voz de Silvio Rodríguez ( Fusil contra fusil ). No hay manera de permanecer impasibles.