He aquí un drama sobre la familia tradicional y acerca de los vacíos que ahí afloran.
Es un filme sin mojigaterías, solo por momentos conservador, con un final donde se reinicia –de sopetón– lo acontecido durante la película. Hablamos de la cinta italiana titulada Acuérdate de mí (2004), dirigida por Gabriele Muccino, de quien vimos antes un filme posterior al que hoy comentamos, como lo es En busca de la felicidad (2006), melodrama con Will Smith.
Acuérdate de mí tiene un muy buen elenco, con la extraordinaria actriz española Laura Morante y con la italiana Mónica Bellucci. El terceto lo completa el actor italiano Fabrizio Bentivoglio.
La trama es simple, pero lleva a situaciones complejas (mérito del guion). El conflicto se da cuando una familia se agota en su propia monotonía. Vive el desgaste que, con el tiempo, sufren las parejas casadas. En este preciso momento, cuando la pareja vive sin intimidad alguna, el esposo (Bentivoglio) se reencuentra con una exnovia (Mónica Bellucci).
A ambos, la vida les da una segunda oportunidad para disfrutar el encanto del suceso amoroso (¡otra vez!).
Por su parte, la esposa (Morante) parece ignorar esta situación y se dedica, más bien, a forjar una carrera de actriz que había dejado por ahí botada. Mientras tanto, es a ella a quien le toca entender y atender los conflictos de sus hijos.
Al borde del melodrama, el director evitar llevar su película a las confiterías acarameladas y, más bien, resalta el lado dramático de los acontecimientos (aunque no necesariamente trágicos).
De esa manera, nunca se pierde la entereza del relato, bien hilado, tan bien amarrado como un tamal, aunque con más mecate de la cuenta. Es por eso que la historia se alarga como hule estirado.
Acuérdate de mí es una película que vale la pena ver, aunque por secuencias nos parezca desaprovechada, o sea, pudo ser mejor (incluso en su expresión visual).
Eso sí, desde su contenido, este es un filme escéptico con el tema propuesto.