En los últimos años, tanto el cine como la literatura han abordado algunos de los principales dramas históricos, desde una perspectiva más intimista y a veces melodramática.
Este es el caso de Regreso a Cold Mountain, filme del laureado director Anthony Minghella, realizador de otras películas basadas en obras literarias como El paciente inglés y El talento de Mr Ripley.
En esta ocasión, Minghella retomó una galardonada y exitosa novela del escritor Charles Frazier, que se adentra en uno de los momentos más difíciles y trascendentales de la historia estadounidense: la Guerra Civil entre el Sur esclavista y el Norte abolicionista, a mediados del siglo XIX.
Ahora bien, al igual que en otras obras históricas y literarias contemporáneas, el principal interés de la novela Frazier -y del filme de Minghella- no es tanto adentrarse ni recrear las principales motivaciones políticas, económicas o estratégicas que movieron esos enfrentamientos, ni tampoco tomar partido por uno u otro bando de la contienda.
Así, la principal intención de ambas obras -la novela y el filme- es retratar por dentro, emotivamente, el drama humano que significó (y que significa) verse involucrado en una guerra que, forzosamente, separa y divide a las personas.
De esta manera, Cold Mountain nos narra el largo y peligroso regreso como desertor de guerra, de Inmar, un joven de Carolina del Norte que va al encuentro de Ada, su novia abandonada luego de varios años de forzada lejanía.
Cual Ulises en su regreso a Itaca, Inmar deberá enfrentar un accidentado viaje, que lo hará testigo de los múltiples dramas que implicó esa Guerra Civil norteamericana. Por otro lado, Ada también tiene cierto paralelo con esa Penélope que debe enfrentarse y sobrevivir a las penurias y acechos de esa prolongada ausencia.
Con una excelente dirección artística, que reconstruye de forma bien cruda y realista los efectos de la guerra (muertes, sufrimiento, soledad), así como el particular entorno vivencial de la época; quizá lo más cuestionable de este filme, sea su extensa -a mi entender innecesaria- duración, a partir de un guion que trata de adentrarnos de manera muchas veces melodramática, en la sobrevivencia de un intenso romance que aparentemente sortea todos los avatares de la guerra.
Esas intenciones no se logran del todo, pues el guion adaptado de Anthony Minguella, no permite que sus protagonistas (Jude Law y Nocole Kidman) hagan creíble y fluida esa supuesta relación que se mantiene, a pesar de las terribles circunstancias.
No obstante, si algo tiene de valor este filme, es afirmar que la guerra es siempre absurda, inútil; y que deshace ilusiones y crea ausencias, imposibles de borrar, de recuperar.